Ciberutopismo o idealismos inorgánicos.

Por Ignacio Muro

El conflicto del 15M coloca en la actualidad los déficits democráticos de las sociedades modernas.

La reclamación de “democracia real ya” denuncia el abandono progresivo de ramificaciones orgánicas entre poder político y sociedad como una de las carencias que frenan la participación ciudadana. La crítica afecta directamente a los partidos progresistas que, como los socialdemócratas, nacieron como reformistas y de masas, hoy reducidos en agrupaciones obsoletas y métodos de trabajo clientelares. Se les critica, con razón, que su pérdida de contacto con la ciudadanía les impide articular proyectos sólidos para disputar el poder en la economía, los medios o la justicia.  El resultado es que han dejado de ser, al tiempo, reformistas y de masas.

Forman parte de un sistema político que pierde legitimidad en el ejercicio diario del poder democrático, sometido a las fuerzas economicas. Un sistema que justifica sus deficiencias políticas y organizativas  por la ausencia de discurso, de relato, que achaca los déficit de pensamiento, a la mala comunicación. Mientras se debilitan, los gobiernos se ven a sí mismos en conexión directa con los ciudadanos, midiendo su aceptación en las encuestas, sin necesidad de intermediarios sociales. Creen suficiente con captar un voto cada cuatro años, con una campaña de comunicación inteligente e innovadora.

No es así ni es suficiente, al menos para el desarrollo de las ideas de progreso. El fortalecimiento de la democracia requiere integrar, especialmente hoy, lo espontáneo y lo organizado, porque lo uno no puede existir sin lo otro.  Y esa articulación requiere que los vehículos de poder que son los partidos se abran a la sociedad que se expresa en los diferentes espacios sociales, que de valor a las organizaciones que, como ASINYCO, ocupa espacios profesionales de alto valor.

Tambien hay que ampliar la perspectiva de las redes sociales. Hay que dejar de verlas como meros canales de comunicación porque pueden aportar una nueva dimensión orgánica y participativa a los movimientos políticos. No solo en Egipto.  Cuando Chris Hughes, cofundador de Facebook, se ofrece para colaborar con Obama, éste  le hace una petición que resalta el aspecto organizativo y práctico de las redes: formar cuadros y grupos de apoyo para enriquecer las políticas sectoriales, financiar la campaña y ganar las elecciones. Las ganó. Pero su experiencia posterior demuestra algo más: que, sin estructuras partidarias estables, sin organizaciones sociales bien tramadas, es muy difícil organizar la defensa del reformismo progresista.

A algunos les puede parecer moderno que el 15M incluya entre sus consignas el rechazo a partidos y sindicatos como algo “viejo” mientras reivindica  la “democracia real ya”.  Puede parecer actual y único aunque sea, simplemente, una aspiración humana que retorna siempre en las grandes crisis histróricas. El desprecio hacia las estructuras estables, referencia hoy del ciberutopismo, no hace más que recuperar las utopías del hombre libre, del individuo común capaz de prescindir de los “profesionales del poder”Sin saberlo, rememoran otros momentos históricos, como la desintermediación reclamada en el “ni dios, ni reyes, ni tribunos” incluido en el himno comunista de La Internacional.  En realidad, los movimientos de indignados son rebeliones espontáneas que forman parte de un aprendizaje colectivo hacia la política, una iniciativa que solo puede sobrevivir si cuaja en proyectos orgánicos, aunque sea en “otro tipo” de organizaciones. Pero conviene asumir pronto que hoy lo orgánico es esencial para dar cohesión a lo disperso.

Hay que abrirse a las redes sociales, físicas y virtuales, pero evitando que los vínculos débiles tipicos de esta posmodernidad oscurezcan o difuminen los análisis y proyectos solventes que facilitan el armazón de ideas necesarias para construir modernidad y progreso. Y para ello hay que asumir que el pensamiento hoy es una tarea esencialmente colectiva que requiere la participación organizada de economistas, médicos, tecnólogos, periodistas, científicos…

En la construcción de alternativas sociales a la crisis que vive el mundo el déficit de pensamiento es más importante que las deficiencias en el relato. Al fin y al cabo,  el discurso no es más que la forma en que se estructura y presenta lo que uno piensa y el relato la forma de presentar un discurso.

Ignacio Muro

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Acerca de Ignacio Muro

Economista, miembro de Economistas Frente a la Crisis. Analista social. Profesor de Periodismo en la Univesidad Carlos III y experto en procesos informativos. http://www.ignaciomuro.es. @imuroben
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Una respuesta a Ciberutopismo o idealismos inorgánicos.

  1. francisco Linde dijo:

    Estoy de acuerdo con tus planteamientos, que serian una vision en positvo del tema. Podría existir otra vision en negativo.: los poderes fácticos se aprovechan de la inorganicidad de los movimientos populares ciberutópicos para ningunear a los partidos y sindicatos tradicionales que – caso de contar con esas energías que al final se diluyen-, serían capaces de plantarles cara con eficacia y garantias de éxito.

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