“Los mercados atacan”, pero, sobre todo, ¡huyen!

Por Albert Perez Novell

(Este post va dirigido a los amigos más o menos paranoicos, a los periodistas reiterativos y poco imaginativos, pero especialmente a los tertulianos del “todo a 100” de los medios.)

La transición del capitalismo industrial-comercial al capitalismo informacional-financiero que estamos viviendo nos tiene a todos un poco descolocados. En el fondo de la confusión se encuentra el hecho de que el dinero se ha convertido en el objeto de los intercambios, alejándose de su condición originaria de instrumento para facilitar el comercio y las transacciones comerciales.

El disloque alimenta luchas imaginarias, que tienen algo de quijotescas. Un día de estas vacaciones jugando con mi sobrino Biel, un chaval muy espabilado, me propuso jugar a “mercados y españoles”. ¿Cómo es esto?, le pregunté. Fácil,  respondió, los mercados nos atacan y nosotros nos defendemos. Intenté explicarle que los mercados no atacan como los indios atacaban a las caravanas llenas de frágiles familias en las películas del oeste, sino que hacen justo lo contrario: huyen de los débiles, más deprisa cuanto más débil les perciben. De todas formas, dijo, “millor fugim nosaltres, per si de cas”.

Poco después, una amiga me confesó muy convencida que detrás de los movimientos financiero existía una “mano negra” que vinculaba al Club Bilderberg, centro natural de todas las paranoias conspirativas. Le dije que no creía en ello, como tampoco en la mano invisible de Adam Smith, incapaz  de generar equilibrios, que, más bien, lo que domina en los mercados son las “manos sucias”, chacales en busca de despojos encantados de moverse en  un ecosistema sin autoridad, reglamentación, ni control.

No triunfé con mi sobrino, ni con mi amiga. Y para saber por qué busqué en Google “ataque de los mercados”. Resultado: 28 millones de entradas, ¡imposible contrarrestar esa influencia!.  Los lugares comunes, los slogans, se pegan al discurso informativo y social de una manera formidable hasta construir consensos frágiles, aparentemenete críticos, que, sin embargo, no parecen alterar la lógica del sistema.

Desde el punto de vista de las redes, que es el que da sentido a este blog, lo que se está produciendo es el sometimiento del sistema productivo a una gran red financiera global tejida en todas las direcciones planetarias (Norte – Sur – Este – Oeste) que converge en nodos centrales situados en EEUU, Europa, Japón y ahora China. Una gigantesca red que parece gestionada por un mismo sistema operativo y un  único “programa” cuya existencia trasciende a cualquier reflexión macroeconómica o calificación filosófica que hayamos hecho sobre el sistema capitalista tradicional.

Y es que las transiciones de los sistemas socio-económicos, generan dinámicas propias que obedecen a múltiples causalidades, que generan tendencias y construyen modelos. Así pasó, cuando se construyeron las bases del capitalismo industrial y está pasando cuando se construyen las del capitalismo global financiero. Estas tendencias no son productos de manos negras sino el resultado de lógicas multifactoriales aplicadas.

¿Por qué los mercados financieros se comportan como bancos de sardinas, que a la menor incidencia en su camino cambian de dirección?

La globalización, se hace patente en la integración de los diversos mercados financieros en un único mercado en el que se interrelacionan acciones, divisas, materias primas o deudas soberanas en una malla en forma de red electrónica que funciona continuamente 24h los 365 días al año.  Lo aprendimos en Agencia Efe cuando en los 80 analizamos el proveedor de referencia que es y era Reuter’s , cuyo producto consiste en conectar mesas de arbitraje donde operadores de todo el planeta realizan sus transacciones.  Estos operadores se basan en lo que los técnicos denomina “los fundamentales” que no es otra cosa que datos y referencias diversas sobre el estado de salud económica de un país o una compañía, sea la inflación, balances, resultados o deuda pública…  Lo que allí se procesa y se cotiza es, en definitiva, información y poco importa si ésta procede de un informe sesudo, una noticia contrastada, unas declaraciones precipitadas, un bulo interesado o un rumor.

Es ahí, precisamente, donde se generan las influencias de los grupos de presión, los centros de opinión organizados o los organismos intergubernamentales más o menos formales,  desde el Club Bilderberg al G8.  Ahí también, desde las pantallas de Reuter y de otros operadores, es desde donde los organismos privados que conocemos como agencias de calificación de riesgos, modifican el prestigio y la confianza de las países y desencadenan oleadas de idas o venidas de cuantiosos fondos de inversión en los diferentes mercados. Y es ahí, también, en sus conexiones con el entramado mediático, donde se alimenta la leyenda conspirativa de la mano negra. Porque buena parte de “las noticias” que consumimos han sido gestadas en laboratorios de grandes gabinetes de Relaciones Públicas al servicios de los centros de poder. Desde allí se construyen las agendas mediáticas y desde allí se generan las influencias psicológicas que decantan poco a poco en nuevos consensos.

Los efectos red se producen fácilmente en estos entornos generando el contagio que asociamos al comportamiento en manada, sean enjambres, búfalos, bandadas de pájaros, o bancos de sardinas.  En esos grupos, cuando algun nuevo factor (un input) alerta a uno de los componentes hasta hacerle cambiar de dirección, todo el grupo le sigue.  Lo mismo ocurre en la bolsa y en el resto de los mercados financieros.  Cada nodo establece conexiones con otros nodos, intercambian información, aparecen y desaparecen, y acaban por formar esa red dinámica de complejo comportamiento que es la bandada.  No es, por tanto, una organización jerárquica que obedece consignas generales, (de la mano negra), sino descentralizada, en la que ningún nodo determina el comportamiento global de la misma y en el que, al tiempo, cada organismo individual está definitivamente afectado  por el contagio de un comportamiento grupal.

 ¿Por qué la debilidad del acreedor es un factor de riesgo?

Obvia es la respuesta. Mucho más si asumimos que los mercados financieros han crecido como consecuencia de la búsqueda de sistemas de protección del inversor (entre las que se encuentran los instrumentos derivados, los seguros o los derechos) frente al aumento de los problemas asociados a su la volatilidad. Es en la obsesión por la seguridad de los inversores desde donde se justifican “los nuevos productos” que pretenden resolver la cuadratura del círculo que combina “alta rentabilidad” y “poco riesgo”.

Por supuesto que existen chacales que sacan rentabilidad en los momentos de máxima tensión y de hundimiento de los mercados.  Pero, como bien explica el economista  jefe de Intermoney, José Carlos Diéz,  no es su existencia en sí, sino la huida en manada ( a veces provocada en estampida) de los tranquilos búfalos, aquellos que “venían a pastar” (buscando rentabilidades a largo plazo) la que suele provocar la quiebra financiera de países enteros.

Desde la ruptura de de Bretton Woods, después de la 2ª guerra mundial,  la complejidad del modelo se ha multiplicado exponencialmente generando cambios estructurales de enorme calado en el sistema financiero, sin los correspondientes contrapesos. Se trata de un poder metarreal, hecho de circuitos electrónicos automáticos que responden a turbulencias de información impredecibles.  Un ecosistema sin control en el que los especuladores hacen las veces de chacales.


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Acerca de Albert Perez Novell

Experto en Redes de Valor. Marketing Comunicacional
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