Reinventando la democracia en Europa

Por Ash Amin y Pep Subirós para Open Democracy (12 de julio de 2012). Traducción de Ignacio Muro

Las penurias económicas y sociales que barren Europa pueden estar trazando un cambio imperceptible pero sísmico en el terreno de la democracia europea. Lo que estamos viviendo es la corrupción de las políticas democráticas desde una amalgama de élites económicas y políticas, en un cambio pobremente compensado por el aumento de nuevas formas de protesta y de resistencia. El primer grupo ha apostado por imponer la desigualdad y la injusticia a hurtadillas, dejando estragos materiales en su camino, mientras que el segundo recoge la cólera popular e impulsa nuevas formas de solidaridad, pero con resultados inciertos.

Los ocho ensayos recogidos en este enfoque destacan esta dimensión olvidada de la actual crisis europea, con el argumento de que un mundo más justo y una más equitativa Europa seguirá fuera del alcance hasta que las paradojas de este dualismo se resuelven. Los ensayos se presentaron en una simposio a principios de mayo – “Reinventando la democracia en Europa ‘- concebido conjuntamente por openDemocracy y el Forum for the Concerned Citicens of Europe y auspiciada por el Centre de Cultura Contemporania de Barcelona.

Incautación de la politica y reacciones populares.

Los debates abordaron las fuentes políticas de la situación actual, los límites de los experimentos de democracia directa y comenzaron a trazar los contornos de una nueva política de ampliación democrática.  En esta semana hemos ido incorporando esos ensayos que nos ofrecen un diagnóstico de un presente corporativista – la incautación de la política por la alianza de bancos, corporaciones y gobiernos neoliberales responsables de la actual crisis financiera-  en un esfuerzo coordinado para asegurar sus intereses a cualquier coste, incluyendo la manipulación de la democracia representativa, la erosión de la protección social y la victimización de algunos colectivos sociales marginados, especialmente los de origen extranjero, como responsables de la crisis.  Comenzamos con el artículo de  Clauss Offe en el que se describe un escenario dominada por las finanzas post-democracia, otro de Albena Azmanova sobre los estados irresponsables y las protestas en la dirección equivocada , y  un tercero de Judit Beso sobre la privatización de la política.

Los ensayos revelan la naturaleza ambivalente de la reacción popular contra el corporativismo y sus exclusiones. Bajo el radar de la ‘politica formal’, se desarrolla un movimiento por la justicia social y el bienestar que es participativo, experimental, igualitario, lleno de promesas. Esta “Primavera árabe de Europa” ha atraído a gente desde muchos aspectos de la vida que coinciden en exigir una sociedad de ciudadanos y un gobierno abierto y responsable, convirtiéndose en el proceso en individuos activos y, también, en sujetos colectivos unidos en torno a las más diversas formas alternativas de trabajar, vivir y colaborar. A la sombra del poder de la élite social, crece un patrimonio común -físico y virtual – testimonio de la democracia viva, como se muestra por Sandra Ezquerra, Markha Valenta ,  Amin AshYudit Kiss y Joan Subirats.

Elitismo y populismo convergen en el desprestigio de las instituciones

Sin embargo, como movimiento de lucha es experimental,  además de fragmentado, disperso, local, y con frecuencia frágil y temporal. Y lo que es peor, comparte rechazos con un incómodo compañero de cama conformado por un populismo antidemocrático que también arremete contra el poder y reclama apoyos de las mayorías olvidadas. En esas sombras, por lo tanto, se esconde otro contra-poder, que no puede ser ignorado por ser ultra-derechista o directamente fascista, porque anhela – y consigue cada vez más – un apoyo de masas con fines xenófobos y reaccionarios como Jordi Vaquer argumenta en su ensayo. Este poder, con su llamativa retórica populista, provoca cierto apaciguamiento de las élites, nerviosas de un retroceso electoral, mientras la fuerza organizada detrás de él se extienda a través de Europa y pone en peligro la democracia, mezclando formas insurgentes y formas representativas.

Conviene destacar otra consecuencia preocupante para el desarrollo de la politica en Europa: que la batalla desigual entre insurgencia democrática,  populismo autoritario y elitismo corporativo, está provocando el vaciamiento de la tierra de en medio – los parlamentos elegidos y representativos – donde mandatos y programas surgen del choque democratico entre voces e intereses, pero donde los acuerdos que se efectivamente imponen van seguidos por reformas programadas y supervisadas.  El problema es que, si bien el populismo y el elitismo prosperan en este vaciamiento, porque sirve a sus intereses de descrédito de la política,  las fuerzas de defienden una democracia justa, activa y vigilante, cautelosas con la corrupción del sistema representativo, se ven debilitadas por ello porque se quedan sin los tradicionales cajas de resonancia y amplificación que aportan las instituciones formales.

Pluralidad de formas de lucha

A pesar de todo, los experimentos y logros de una sociedad alternativa que se van sumando para convertirse en una compulsión común, una alternativa a la viciada Europa neoliberal. Cómo se puede lograr esto no es en absoluto evidente, por sí mismo, pero algunas sugerencias ofrecidas en los artículos seleccionados incluyen el esfuerzo por revitalizar la esfera pública a través de referéndums públicos – campañas de mayor responsabilidad política y la transparencia (Jordi Vaquer), la construcción de puentes entre los movimientos insurgentes y los ya existentes canales formales anti-neoliberales en Europa, ya sean partidos, instituciones o parlamentos (Yudit Kiss) , y la necesidad urgente de recuperar y ampliar las artes sociales a través de las que proyectar y construir un futuro deseable que consolide y saque el máximo provecho del rico potencial de la actualidad (Amin Ash).

El conjunto nos recuerda a un movimiento magmático y en rápida expansión, compuesto por una multiplicidad de individuos autónomos que colaboran en la renovación del concepto y la práctica de los bienes comunes, un movimiento que rápidamente está extendiendo sus mejores recursos disponibles en información, comunicaciones y conocimiento en un replanteamiento de la las relaciones y los procesos de producción, así como la creación de nuevas formas de organización de la acción colectiva (Marco Berlinguer).  El movimiento no sólo debe revisar los regímenes de propiedad tal como las conocemos, sino que la noción de valor económico, hoy dominado por el valor de cambio y la mercantilización correspondiente de cada cosa, incluya los recursos más esenciales para la continuidad de la vida humana (Joan Subirats).

Un justo y equitativo Europa, en definitiva, requiere una reinvención radical de la democracia que considere la configuración de un “patrimonio común” como parte de las condiciones sine qua non de su existencia.

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5 respuestas a Reinventando la democracia en Europa

  1. L. dijo:

    Los partidos políticos, como la democracia, siguen siendo el mejor de los sistemas posibles para dar forma y canalizar la participación política. Pero es indispensable hacer efectiva su democracia interna, que les permita renovarse orgánica e ideológicamente, asegurando la alternancia de las élites y el contacto con la realidad social.
    A mi juicio, frente a quienes propugnan las listas abiertas como presunta panacea, la primera e imprescindible reforma que debería llevarse a cabo es la implantación de la limitación temporal del mandato de los cargos orgánicos (internos) e institucionales (externos) de los líderes, obligándoles a volver a la militancia de base después de un periodo de tiempo desempeñando sus responsabilidades, sin perjuicio de que puedan volver posteriormente a ellas una vez retomado el contacto con la realidad, y debiendo ganarse el nuevo liderazgo con propuestas alternativas y apegadas a las necesidades sociales.

  2. Javier Doz dijo:

    Muy interesante el artículo. De Hitler a Berlusconi, tras la justa acción de los jueces de “mani puliti”, los peores exponentes del nazismo/fascismo o de los populismos, o de las élites tecnocráticas -Papademos, Monti-, se han beneficiado del desprestigio de la “clase política”. Como muchos, en ocasiones la mayoría, de sus integrantes merecen su falta de prestigio, el problema es quienes pueden ser los sujetos sociales de una regeneración de las instituciones democráticas. Organizaciones sociales, los sindicatos entre ellas, que sean capaces de realizar una reflexión política colectiva pueden ayudar a combatir las injustas y fracasadas políticas y conductas de las élites económicas y políticas dirigentes. Huyendo y enfrentándose a las variadas formas de los populismos, nacionalismos, corporativismos y fundamentalismos. Democracia renovada y participativa, profundización de libertades y derechos, justicia e igualdad social y fin del gobierno -explícito y oculto- de las élites económicas egoístas, depredadoras e irresponsables, pueden ser algunas de las líneas de fuerza de un movimiento democrático, social y político, regenerador.

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