Cambio, inacción y vida líquida (El poder en la Sociedad en Red)

Por Juan M. Zafra  @prensa14

Asistimos a la construcción de un nuevo modelo social basado en las relaciones abiertas, la colaboración y la transparencia. Un cambio promovido a partir de la segunda mitad de los años noventa en las naciones más desarrolladas mediante la puesta en marcha de políticas públicas dirigidas a la extensión de redes de banda ancha, el equipamiento informático de los hogares y la generalización del uso de Internet.

¿Por qué entonces esa fractura evidente entre la ciudadanía y los políticos en la sociedad de la información cuándo ambos parecen haber buscado esta convergencia en lo digital?

Básicamente porque la mayoría de los ciudadanos (más del 67% de los españoles es ya considerado internauta y, de ellos, un 80% es usuario de redes sociales de Internet) se ha habituado ya a un entorno de relación, información y conocimiento basado en las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) y emplea Internet, los móviles y las redes sociales con absoluta naturalidad en su vida cotidiana, su trabajo, su entorno familiar y afectivo, sus compras, su ocio… cada día más en sus relaciones con la administración pública, pero no con sus representantes políticos en el gobierno local, autonómico y central.

De la Sociedad de la Información a la Sociedad en Red

La ciudadanía progresa a un ritmo vertiginoso desde la Sociedad de la Información, hacia la Sociedad en Red, en la que cada individuo es un nodo en una red global en la que se comparten ideas y conocimientos, que puede llegar a revertir en una inteligencia colectiva que genere riqueza y bienestar para el conjunto.

Lo dice en su último informe la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT, en sus siglas en inglés), un organismo dependiente de Naciones Unidas, al afirmar que la banda ancha ”puede suponer inclusión social para todos y continuar adelante con los cambios políticos, sociales y de desarrollo en todo el mundo”.

En 2010 el secretario general de la UIT, Hamadoun I. Touré,  había hecho un llamamiento a los países sobre la necesidad de fomentar el uso de la banda ancha y priorizar el acceso a Internet como un derecho básico de la ciudadanía:

“La banda ancha es el próximo punto de inflexión, la próxima tecnología verdaderamente transformadora. Puede generar empleos, impulsar el crecimiento y la productividad, y reforzar la competitividad económica a largo plazo. También es la herramienta más poderosa que tenemos a nuestra disposición en nuestra carrera para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que están ya a tan sólo cinco años de distancia.”

La ciudadanía de los países más avanzados lo ha asumido, ha adaptado sus hábitos diarios a la disponibilidad de nuevas tecnologías e intenta sacar partido de ellas en todos los órdenes –relaciones, información, economía, política….- y empieza a proponerse objetivos de futuro acordes con las posibilidades que ofrecen las TIC.

De hecho, el acceso a Internet está garantizado ya para un 32,5% de la población mundial, y aunque las desigualdades todavía son notables, el proceso de cambio hacia un nuevo entorno en Red es imparable según el documento elaborado por la Comisión sobre Banda Ancha para el Desarrollo Digital de la UIT. El organismo, que se refiere a 177 países, destaca que 60 países han conseguido en 2011 tener más de 50% de su población conectada”.

España, destacado representante del viejo orden

Y es en este punto cuando las tensiones empiezan a hacerse más evidentes en todo el mundo. Especialmente en países rácanos, como España que recorta el presupuesto en I+D, el dinero destinado al desplegar  redes de telecomunicaciones ultrarrápidas, el esfuerzo para eliminar el riesgo de brecha digital por razones económicas, geográficas y/o de género y la ayuda al desarrollo. Este último recorte aleja también  la consecución de los Objetivos del Milenio a los que se refiere la UIT-.

Son las tensiones propias entre un modelo social abierto, global, participativo, colaborativo, transparente, en el que la información, las ideas y el conocimiento fluyen por la Red y un entorno cicatero, resistente al cambio, a la transparencia, a la compartición de información y conocimiento, cerrado ante la oportunidad que se nos presenta de desarrollar una nueva sociedad cuyo crecimiento y bienestar parte de la inteligencia colectiva.

Es el choque entre la visión propia de los discípulos de Joseph Fouché y los seguidores del Manifiesto Cluetrain. El primero, llamado “el príncipe de las tinieblas”, ejecutor de políticas basadas en el terror en la Revolución Francesa, defendía que “en las tinieblas la imaginación trabaja más activamente que en la luz”. Su concepto del “hombre político” lo expresaba así:

“La ambición y la intriga son las únicas pasiones de este hombre político, carente de escrúpulos y moral, que navega a través de las convulsiones sociales y políticas de la Francia revolucionaria y del imperio sin mudar el gesto”.

En las antípodas de ese pensamiento, se encuentran los autores del Manifiesto Cluetrain que desarrollan las 95 tesis sobre la conversación universal que ha abierto la red de redes.

“Internet hace posible tener conversaciones entre seres humanos que simplemente eran imposibles en la era de los medios masivos de comunicación”

Ambos representan la confrontación, sólo iniciada, entre estructuras jerárquicas inflexibles y la configuración de una organización basada en la Redarquía, un modelo emergente característico de las nuevas redes abiertas de colaboración, muy especialmente la Web 2.0. Está basado en las interacciones que múltiples agentes mantienen entre sí cuando comparten su talento y su conocimiento de forma abierta y transparente, en relaciones de igual a igual.

Frente al tradicional modelo organizativo jerárquico, en el que las órdenes son impuestas y discurren exclusivamente de arriba abajo, la Redarquía es un orden que funciona de abajo arriba: las decisiones y las soluciones emergen de forma natural como destilación espontánea de la  inteligencia colectiva”.

Y es a lo que estamos asistiendo estos días, en medio de una crisis financiera de modelo social, económico y político. Con un Gobierno, unas instituciones y un poder empresarial en España que no han interiorizado el cambio, ni tan siquiera ha reflexionado sobre las consecuencias de la generalización del uso de las TIC o, peor aún, que no quieren interiorizarlo porque temen que la inteligencia colectiva que esas tecnologías pueden facilitar, ponga en aprietos  las parcelas de poder que ahora ocupan.

“Mayorías silenciosas”, el paradigma del empobrecimiento

El cambio es imparable y la resistencia sólo lleva a la obsolescencia, a la derrota, al empobrecimiento económico y democrático. Para evitarlo, el poder, consciente de la imposibilidad de controlar los canales que la ciudadanía utiliza masivamente para expresarse, se aferra a lo convencional, lo conocido, lo decadente…. a determinados medios de comunicación, no globales, no innovadores, poco sociales, nada convergentes, ni multimedia, ni interactivos, ni participativos, meras correas de transmisión en caída libre de audiencia y sin futuro.

Esa cerrazón la pagamos todos o ¿hay algo peor que un reconocimiento a la mayoría que no se manifiesta, que guarda silencio, que se apoltrona y permanece ajena al progreso, al cambio, a la vida líquida?

Presumir de ello es volver a gritar, hoy, “vivan las caenas”.

Twitter: @prensa14

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Acerca de Juan M. Zafra

He desarrollado mi carrera profesional en el ámbito del periodismo y la comunicación corporativa e institucional. http://about.me/juanzafra
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