La nueva fontera del periodismo se llama… Open Data

¿Dónde van mis impuestos?Por Jose Luis Rodriguez  (de Territorio Creativo)

Hay historias cotidianas pero de gran transcendencia social que, simplemente, desaparecen porque detrás no ha habido un hombre curioso, un investigador convencido, un profesional comprometido con el derecho a la información capaz de navegar e indagar entre los miles de documentos existentes y, sobre todo, capaz de exigir que los datos públicos sean eso, públicos.

Lo que actualmente llamamos información tiene cosas muy curiosas. Por ejemplo, que las mejores historias mueran casi siempre en un cajón, en un retazo de papel abandonado, que hay noticias que jamás se publican. A veces, porque no se tiene tiempo de abordarlas, otras por un “incomprensible” sentido de la responsabilidad periodística, otras bajo la presión del gabinete institucional de turno.

Pero hay historias que triunfan. Una de ellas se llama, de hecho, The Story, un blog que se alimenta, desde noviembre de 2010, de investigaciones realizadas aprovechando la mayor liberación de datos jamás emprendida por una institución pública de Irlanda, de la apertura de millones y millones de registros correspondientes a todos y cada uno de los gastos realizados por el Oirechtas, su Parlamento Nacional, durante los últimos años y, entre ellos, los realizados por sus diputados con cargo al presupuesto de la Cámara.

Este hito, que entronca con los principios básicos del Open Government Data, aunque signifique en sí mismo una revolución, no hubiera sido noticia en todo los periódicos del país de no ser por la revelación de ciertos dispendios de algunas de sus señorías:  billetes de viaje a Londres para ver las carreras de caballos, sombreros de regalo para la esposa, limusinas para cruzar de una terminal a otra dentro del mismo aeropuerto…

Dicho te otra forma, la dimisión del presidente del propio Parlamento no hubiera sido noticia si Irlanda, como buena parte de la UE –excepto España-, no contara con una Ley de Acceso a la Información y con profesionales dedicados al Data-Driven Journalism o Periodismo de Datos.

El protagonista, en este caso, es Gavin Sheridan, periodista y entusiasta de la web colaborativa que desde hace años trabaja para que su Gobierno y las instituciones de su país sean más transparentes y cercanas al ciudadano. Gavin, que en febrero de 2011 explicó la hazaña de The Story en Madrid (ver presentación) de la mano de las plataformas cívicas Pro Bono Publico y Acces Info Europe y de MediaLab-Prado, encarna una nueva generación de profesionales dedicados a la investigación de las bases de datos de naturaleza pública que, unas veces con mayor discrecionalidad que otras, gestionan las administraciones.

Objetivo: Facilitar la rendición de cuentas de los responsables públicos

¿El objetivo? Desentrañar miles y miles de documentos oficiales, la mayoría desconocidos o ininteligibles para el conjunto de los ciudadanos, y garantizar eso que lo que los anglosajones han popularizado bajo el término de accontability o rendición de cuentas. Es decir, hacer visible de forma permanente y gracias a Internet los actos y acciones que realizan los gobiernos, su legalidad, su grado de eficacia, la adecuación de estos a los compromismos asumidos o los medios económicos y materiales empleados para la ejecución de aquéllos, entre otros indicadores.

Este Data-Driven Journalism es, para algunos, una de las grandes oportunidades que tiene la profesión periodística para recuperar su crédito social… y una obligación ineludible, según la mayoría, para salvar la imagen de nuestras instituciones democráticas, sumidas en una grave crisis de confianza en todo el mundo.

De hecho, periódicos como The Guardian han convertido esta disciplina en uno de sus buques insignias y han hecho de profesionales como Lisa Evans, uno de los mejores ejemplos de ese nuevo Periodismo

Visualización de datos públicos: ¿Dónde van mis impuestos?

No todo es tan sencillo. Por lo pronto, la simple liberación de datos públicos no es una garantía en sí misma. A veces, incluso con el mejor afán de la Administración, los miles de registros publicados o no son útiles o, lisa y llanamente, no se entienden.

¿Dónde van mis impuestos?, aplicación desarrollada por David Cabo en colaboración con Pro Bono Publico y la Open Knowledge Foundation representa otra de las ramas imprescindibles y cada vez más de moda del Open Government Data y del Data-Driven Journalism: la visualización de los datos públicos.

¿Y de qué se trata? De convertir números, tablas y variables en sencillos gráficos al alcance de cualquiera, eso sí, tras un proceso de análisis y conceptualización intenso, abiertas a diseñadores, creativos, programadores, desarrolladores, como Design for America. Un ejemplo perfecto en nuestro país de esta actividad son los trabajos realizados por  Sergio Álvarez y el equipo de Vizzuality.

No hay duda de que historias como la de Gavin Sheridan cuentan con muchos elementos a su favor, entre ellas una Ley de Acceso a la Información como la que demanda la Coalición Pro Acceso. Lo básico, sin embargo, ya lo tenemos: periodistas con vocación social, expertos en Open Data, ciberactivistas y organizaciones cívicas como los citados Pro Bono Publico y Acces Info Europe.

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