“Salvemos las librerías” (y los libros de papel)

libreríasPor Albert Perez Novell  (Diario Ara)

Un fantasma recorre el sector editorial, que hasta ahora había soportado mejor que otros la crisis: las ventas empiezan a bajar inexorablemente y cierran -y cerrarán- librerías… si no se hace nada. El descenso de las ventas de libros los dos últimos años ha sido de un 20%, a pesar de que se ha acentuado en los últimos meses y se prevé que se intensifique en este 2013. Los editores han reaccionado ajustando tiradas  y reduciendo -no mucho- el número de títulos que producen, un tsunami que ahoga las librerías tradicionales, incapaces de exponer todos los títulos en sus limitados espacios.

Algunos hacen hincapié en la responsabilidad de este descenso en la (todavía pequeña) competencia de la lectura digital -y la desgraciada lacra de la piratería- y, sobre todo, en el descenso del poder de compra de los consumidores durante el trimestre postnavideño en el que estamos.

Pero quizás hay causas más profundas, entre las que podríamos destacar: un sector editorial que deja un margen comercial insuficiente a las librerías; una competencia desleal de las editoriales, que venden directamente sus libros; unas librerías que no han sabido ver los cambios de hábitos de compra de sus clientes, y demasiadas veces una nula -por carencia de conocimientos- gestión empresarial, cuando no una carencia de inversión en tecnología.

En Cataluña, afortunadamente, hay instituciones y personas que trabajan -mucho y bien- a favor de nuestras librerías: el Gremio de Editores, bajo el impulso de Xavier Mallafré, y el Gremio de Libreros, presidido por Antoni Daura. Daura es un librero de Manresa que impulsó un congreso sobre el sector ahora hace un año y la creación de la Escuela de Librería -con la Universitat de Barcelona- para la formación empresarial de libreros y personal que de librerías. Estas iniciativas se enmarcan en el plano Librería Activa, que ha recibido el apoyo -institucional y personal- del consejero de Cultura, Ferran Mascarell.

A raíz del cierre de la histórica librería Catalonia, Daura ha señalado que a pesar de las dificultades económicas el saldo entre cierres y aperturas de librerías de los últimos años es positivo -25 por 27-, y habla de la disfunción que crea a las librerías el exceso de oferta editorial -con la inversión continuada a qué esto obliga-, teniendo en cuenta el espacio limitado de los locales, el modesto índice de lectura del país y la bajada de consumo de los últimos años.

En este capítulo de propuestas, recojo algunas de las publicadas o dichas en los últimos meses por destacadas voces del sector:

-Que los libros sólo se vendan a las librerías: es decir, que los editores acaben con la venta directa. Encuentro que este compromiso es ineludible y que generaría confianza en el sector.

-Implementar el sello de calidad de las librerías, siguiendo el ejemplo francés, con el reconocimiento de su condición de agentes culturales. Esto debería mejorar también su financiación, dándoles un margen entre 6 y 9 puntos por encima del actual.

-Aprovechar al máximo la tecnología actual, que hace posibles plataformas de infomediación que permiten tener datos fiables de un sector que, como otros, debe aprender a compartir para poder competir. Y aquí tenemos ejemplos en el sector textil -con casos de éxito como Zara- o el de material deportivo -con el éxito de marcas como Munich, de los hermanos Berneda.

Para mejorar su eficiencia y eficacia, el sector tiene que compartir información para evitar los actuales retornos del 35%. Necesitamos que editores, libreros y distribuidores digan sus verdades y hagan públicas sus cifras. Entiendo que el secreto en las ventas beneficia una parte de la profesión que siendo pavor de salir retratada en su éxito y en su fracaso. Pero los pocos beneficiados por tanta opacidad no ven que se hundirán en el mismo barco que los otros.

Y cómo proteger públicamente las librerías? En mi opinión, las vías para hacerlo son diversas, pero podría ser especialmente eficaz definirlas como espacios culturales -la innovadora e inquieta +Bernat de Barcelona se define como “almacén de cultura”-. Hay que pedir la decidida implicación de las Administraciones -sobre todo la Central- para apoyar la red de librerías de nuestro país, que por su capilaridad y profesionalidad es la responsable de garantizar que los libros -todos los libros- lleguen a los ciudadanos.

No tengo la solución perfecta pero, como decía San Juan de la Cruz, a veces para llegar al lugar que desconoces tienes que tomar el camino que desconoces.

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Acerca de Albert Perez Novell

Experto en Redes de Valor. Marketing Comunicacional
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