La izquierda y Europa (como idea negativa)

europaPor Joan Coscubiela  (Nueva Tribuna)

En una misma semana, la Unión Europea nos envía señales contradictorias. Una de cal, la sentencia del Tribunal de Luxemburgo que dictamina que la legislación española sobre ejecuciones hipotecarias y desahucios no es respetuosa con los derechos que las directivas de la UE y reconoce los ciudadanos como usuarios. Otra de arena, el acuerdo del Eurogrupo de la zona Euro por el que se pretende que los ciudadanos chipriotas paguen vía impuestos el rescate de los bancos de Chipre, o sea de sus acreedores internacionales.

Este hecho me permite reflexionar sobre uno de los grandes retos que tiene la izquierda: ofrecer a la ciudadanía un proyecto nítido sobre Europa. La crisis, la incapacidad de las instituciones para hacerle frente, las injustas y suicidas políticas de austeridad están debilitando la legitimidad de la política, las instituciones y todos los instrumentos colectivos de nuestra sociedad. Y el proyecto europeo es uno de los primeros damnificados, por errores propios, por la culpabilización que la UE están haciendo los gobiernos de los estados y también por el interés de los poderes económicos de desmantelar cualquier estructura de poder que pueda hacer de contrapeso político una globalización que ellos quieren sin reglas ni contrapoderes sociales.

El Consejo Europeo, espejo de los intereses nacionales, fagocita al Parlamento (y a la Comisión)

Durante esta crisis, la institución más genuinamente europea por ser la única elegida directamente por los ciudadanos, el Parlamento Europeo, está siendo despreciada por los gobiernos de los estados miembros. Gran parte de las decisiones se toman en los Consejos Europeos, que son la suma de los 27 estados miembros y, por tanto, la representación del “interés nacional”. El último ejemplo lo constituye Chipre, en el que la decisión sobre el tipo de contrapartidas a la intervención la tomaron los Ministros de Economía de la zona euro, constituidos en Eurogrupo.

Es en esos casos cuando los gobiernos europeos suelen descargar sus responsabilidades en otros. No les importa que en el imaginario colectivo sea “Europa”, la propia unión, la que aparezca como la responsable de las medidas que imponen sacrificios injustos y sufrimientos inútiles. Los mismos gobiernos que deciden en el Consejo se presentan luego como sujetos pasivos de sus barbaridades.

El Tribunal de Luxenburgo, trinchera de resistencia contra los poderes fácticos

Se conoce poco el papel que la legislación europea juega en la defensa de los ciudadanos europeos, en ocasiones desprotegidos por su legislación estatal. En menos de un año el Tribunal de Luxemburgo ha dictado varias sentencias, todas ellas beneficiosas para los ciudadanos: dos, que reconocen el derecho a disfrutar y no perder las vacaciones cuando éstas coinciden con períodos de baja médica. Otra, que obliga a España a computar las cotizaciones de los contratos a tiempo parcial de forma no discriminatoria para estos trabajadores, mayoritariamente mujeres. Y una última que obliga a España a tener presente las cotizaciones de trabajadores emigrantes de terceros países realizadas en otro país de la UE.

Hay que tenerlo claro: en estos momentos la última línea de resistencia legal para evitar el despido libre sin controles que ha impuesto la reforma laboral del PP, la tenemos en la Directiva de la UE sobre este tema. Personalmente, espero que pronto podamos disfrutar de jurisprudencia que, interpretando esta normativa europea, ponga límites al poder absoluto que la reforma labora otorga a los empresarios.

La izquierda debe combatir la idea negativa de Europa

Es necesario discernir entre los diferentes actores y decisiones europeas.  Ni todo lo que viene de Europa es negativo, ni los muertos que se cargan en Europa son siempre su responsabilidad sino que suelen tener en las políticas conservadoras nacionales a los grandes responsables.

Ante esto la izquierda tenemos la responsabilidad de hacer un buen diagnóstico y ofrecer un proyecto europeo a la ciudadanía. Un proyecto que incluya una denuncia nítida de las salvajes políticas intergubernamentales que se toman en el marco de la y una denuncia de las carencias democráticas y sociales del proyecto europeo.

Pero un proyecto de izquierdas no puede olvidarse destacar lo esencial: si la ciudadanía europea quiere recuperar su soberanía política frente unos poderes económicos encantados con una globalización sin reglas ni contrapoderes y unos mercados financieros que se han convertido en los reguladores de facto de las relaciones económicas y sociales, Europa es el espacio para hacer ello y el proyecto europeo el mejor, quizá el único, instrumento real a nuestro alcance.

O la soberanía política de la ciudadanía se recupera en el escenario europeo o no se recupera. La izquierda sólo es viable en Europa en el siglo XXI con un potente proyecto europeo.

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