De la democracia de masas a la posdemocracia del yo. (O del hard al soft).

masasPor Albert Perez Novell

Siguiendo la línea abierta por Ignacio Muro en  El anarcocapitalismoy las utopías del hombre libre  intentaré reflexionar sobre la transición en la que nos encontramos y ver su lado positivo.

Lo que hoy nos confunde es una muestra de que cualquier tiempo pasado sigue estando presente, aunque su razón fundamental de ser esté periclitada.

  • La sociedad de masas (en transición),  que caracteriza a la fase del capitalismo Industrial (en transición), era productora de determinados instituciones que funcionaban con una lógica que ahora no encaja en el marco socio-económico general.
  • La producción en serie, el consumo masivo y estándar, necesitaba de organizaciones productivas (fabricas) que, para ser eficaces, se estructuraban a imagen y semejanza del Ejército y la Iglesia. 
  • El modelo jerárquico era el que cohesionaba, daba sentido e inducía eficiencia a un modo de producción, asociado al taylorismo. Aún hoy muchos son los que se muestran convencidos de que la jerarquía es inevitable. Es lógico, en una sociedad cuyas instituciones básicas — desde las escuelas a las fábricas— están basadas en la jerarquía, el intento de cambiar el concepto está, probablemente, destinado al fracaso. La jerarquía en la producción, está tan asumida en el sistema, que hasta los sindicatos no la cuestionan, ni la han cuestionado nunca..

A estos recalcitrantes quizás les convenga conocer experiencias capitalistas, nada revolucionarias,  pero si muy reales, como la de  Gore-Tex, su éxito no está en la “magia” de los materiales que inventa sino su estilo de gestión: no hay  jerarquía alguna dentro de la empresa, todo el mundo puede hablar con todo el mundo y no existe nada parecido a un supervisor, un jefe o esa entelequia llamada vicepresidente, según relata Management Exchange. Con estos mimbres o, mejor dicho, sin estas rémoras la empresa está presente en 30 países, cuenta con una plantilla de 9.000 empleados y factura 2.300 millones de euros al año.  

  • El modelo taylorista, también se reflejaba en las formas de producción mediática, donde filtros profesionales que obedecían a intereses empresariales y de marca, que eran  los encargados de construir el discurso social. Los periódicos no eran más que fabricas de noticias con sus rutinas y organización muy jerarquizadas.
  • Era un momento en que la representación política por delegación era la única forma  construir el sistema, de cohesionarlo, encauzando sus demandas y reglamentaciones de forma eficaz. Era el momento de la democracia de masas.

“La comunión de los Santos” como paradigma doctrinal eclesiástico era el núcleo del  armazón social  en la democracia de masas. Y la cohesión por la comunión en torno a los jefes-líderes era lo que tenían en común todos los estamentos. La comunión y sus ritos como forma de organización comunal estaban asociados a la dilación en el tiempo de los procesos, pues obligaban a delegar funciones de representación,  a esperar pacientemente resultados.

Juntos asistíamos (seguimos asistiendo) a la ceremonia democrática de ir a votar, juntos íbamos (/vamos) a cine, al teatro, para consumir ocio cultural, la familia se reunía (une) entorno a la Tv para comulgar con una o varias cadenas, algunos, a demás, iban (van) a Misa.

Lo que los franceses llaman el melieu social de relación y comunicación ha cambiado,  condicionando nuestros hábitos, nuestra manera de entender  y de relacionarnos con el mundo.

  • Estamos en un momento en que la descentralización de los instrumentos, que antes daban cohesión y sentido a un modelo de sociedad de masas, están dando paso a una etapa donde lo que florece es cierto individualismo responsable, capaz de compartir, incluso más y mejor que en momentos de cohesión desde lo social
  • En esta etapa en que la comunicación es más directa y menos jerárquica, que nunca, en la que podemos expresarnos sin mediación jerárquico-institucional alguna, donde los actos que acaban siendo de masas se convocan, se des-convocan y replican desde el yo y mis instrumentos sean iphone o tablets a la velocidad de Twitter, tanto da si es para un botellón, como para una manifestación contra los desahucios.
  • Una etapa donde las ideologías hard propias de un momento en que las convicciones debían sustentarse en modelos fuertes de amplia comunión y de tradición “solvente”, están dando paso a las ideas soft que se hacen y deshacen a velocidad de vértigo. Las ideas están, cada vez más, pegadas a las cosas, a los hechos y cada vez menos a las ideologías.  

Toda esta capacidad comunicativa e inmediatez en la acción,  ¿es un espejismo democrático, como parece que nos indica Ignacio en su post? ¿Debemos contemplarla como un peligro o como una oportunidad de crear un sistema más tranparente, más cercano al individuo?

  • Gestionar con menor dilación los temas que nos incumben a todos, destruyendo cualquier atisbo de corporativismo en el núcleo de lo público, ¿es bueno?, o puede desembocar en procesos retrógrados involucionistas que liberen artefactos  de representación ur-fascistas (fascismo eterno) como dice Umberto Eco, refiriéndose a Berlusconi y Forza Italia, o la más reciente  El Pueblo de la Libertad

No tengo la respuesta, pero todo apunta a que se generaran nuevas formas de expresión del individualismo responsable, a que, por ejemplo, el nuevo periodismo dejará de gestarse, sólo desde la fabrica, abandonará  la marca, para pasar a autogestionarse como forma alternativa de canalización,  centralización y cohesión profesional del discurso distribuido que se gesta, en la vida y en el cosmos de Internet.

Nuevos movimiento querrán asumir la representación, pero la ausencia de dilación, la velocidad de comunicación, la nueva cultura de la intervención desde el yo y mis instrumentos, hará que estos sean más fácilmente substituibles. 

Los partidos herederos de fórmulas organizativas e  ideológicas de los siglos XIX y XX, se desprenderán de lo poco que les vincula a este pasado, para pasar a ser organizaciones menos jerarquizadas y con mayor  conexión con el melieu. En la medida que sean capaces de asumir el nuevo paradigma soft, actuando de acuerdo a las demandas en tiempo real del entorno, y menos con su propia lógica interna,  podrán mantener su posición representativa, ejerciéndola más eficazmente, aunque con menor independencia.

Al  neoliberalismo del hombre de hojalata sin corazón,  debe anteponerse un neoindividualismo reponsable,  como forma nueva, no vinculada a formas tradicionales periclitadas, de relacionarnos y construirnos como sujetos sociales.

Una nueva forma, que fundamente su fuerza en el individuo-responsable, que partiendo de la resolución adecuada de lo cotidiano, se oriente hacia producción de lo social con una mayor involucración del    yo-responsable, que no se esconda en la irresponsabilidad de un difuso nosotros.

Presentar el nuevo escenario, que justo iniciamos, como distópico, es un error;  advertir de sus riesgos, un acierto.


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Acerca de Albert Perez Novell

Experto en Redes de Valor. Marketing Comunicacional
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