La democracia social: ¿una trampa, una utopía o un nuevo horizonte para Europa?

socialdemocracia_suecaPor Pierre Héritier  (Europe Social Journal)

La dimensión social de Europa no se limita a la protección social. ¿Cuál será el lugar del trabajo y de los trabajadores en una economía dominada por las fuerzas del mercado? ¿Cómo podemos fundamentar una nueva relación entre capital y trabajo? La democracia social es frecuentemente uno de los temas favoritos en seminarios, coloquios y discursos políticos. ¿Da este concepto argumentos a aquellos que crean prosperidad con sus conocimientos técnicos, su energía creativa, su compromiso y su trabajo pero que a su vez sufren la presión del mercado de trabajo y la competencia entre territorios, países y continentes? ¿O es por el contrario una pantalla de humo, un artilugio para tranquilizar a los que, a menudo, tienen que hacer concesiones con el fin de evitar su naufragio?

Ambas interpretaciones son posibles a primera vista. ¿Por qué no aprovechar la oportunidad para dar algún sentido y contenido a este término genérico que en la mente de los ciudadanos europeos evoca múltiples tipos de representación, acción y configuración estratégica? En lo que a mí respecta, creo que su aplicación requiere respuestas a diferentes niveles y no sólo a nivel de empresa.

Una representación de trabajadores asalariados en los ámbitos estratégicos de decisión, para decirlo sencillamente, en los consejos de administración de las grandes compañías, solo tiene sentido si conocemos el contexto general, los límites y el alcance de esta medida. La eficiencia de una reforma en países en los que no se conoce la co-gestión se multiplicaría enormemente si se extendiera el área de intervención del “factor trabajo”, como ocurre en Alemania: significa, ante todo, reconocer el papel de los sindicatos que debe ser reforzados en su actividad básica.

La capacidad de negociar bien en temas críticos es sin duda la base de una “democracia social“. Ampliar el poder de los órganos de representación de los trabajadores – ya sea juntas o comités de los trabajadores – también formaría parte de este nuevo equilibrio de poder. Se suele conocer el ejemplo alemán en el que la co-gestión no se limita a la existencia de consejeros representantes de los trabajadores [i] pero no se conocen tan bien los poderes de los consejos directivos holandeses que tienen algún tipo de  “derecho previo de veto” que por supuesto está ligado a la responsabilidad de los representantes de los trabajadores (es decir, al cumplimiento de la norma del secreto). Debemos reflexionar tambien sobre el lugar y el papel que los interlocutores sociales deben tener en los diferentes niveles territoriales (regiones, distritos, Länder) y que a veces ya tienen. Es absolutamente necesario que los trabajadores estén representados en los lugares donde se deciden los procesos de producción y la economía del futuro, para que puedan expresar su opinión y presentar sus propuestas.

Las empresas dependen de las condiciones del mercado. ¿De qué serviría el poder de negociación o de acción en una empresa si aquellos que se supone lo usan se quedan en meras luchas defensivas para gestionar un plan social tras otro o dar apoyo en caso de planes de reducción de plantilla o cierres de sedes? No hace falta decir que la acción  sindical es pragmática y que el papel de los representantes de los trabajadores consiste, en gran medida, en la búsqueda de la mejor solución de compromiso en cualquier situación o marco que se les impone. Pero ¿ello les impide hacer algo respecto al propio “marco”? Históricamente, en cada fase del desarrollo del mercado, siempre ha habido una lucha entre los que defienden la regulación y los que quieren “liberalizar”. ¿Cómo podemos hacer frente a esto? ¿Cómo podemos reinventar, al menos a nivel regional de la zona euro, lo que se ha llevado a cabo a nivel nacional en el modelo renano?[ii] ¿Cómo podemos poner en práctica las políticas de cooperación que crean empleo y la solidaridad en el conjunto de la zona euro?

Todo esto implica cuestiones estratégicas, incluso ideológicas. Este nuevo marco que tenemos que inventar casi completamente es parte de un “nuevo New Deal”, de un compromiso social entre sindicatos y los líderes empresariales de compañías que innovan, que son abiertas y enraizadas en un territorio, especialmente con aquelloa “líderes empresariales que tienen una relación carnal con su compañía”[iii]. Por último, para hacer una democracia social hecha realidad, es absolutamente necesario “cambiar el trabajo” : el trabajador debe convertirse en el actor principal respecto al producto de su trabajo y de la economía. Esto implica que no puede ser el apéndice de una máquina, ni el elemento de un procedimiento, o sufrir cualquier otra forma de opresión. Y ello probablemente afecte al propio sindicalismo, que debería repensar su sistema de relaciones con los trabajadores asalariados.

De hecho, la emancipación del trabajador, cuyos conocimientos han sido confiscados, es la base de una verdadera democracia social y de cualquier ciudadanía política, social y sindical,[iv] pero también, estoy convencido, es una formidable herramienta de creatividad y progreso. La alegría de trabajar – sustituyendo al sufrimiento en el trabajo – permitiría un progreso increíble en todos los campos. Necesitamos un nuevo acuerdo social y económico para avanzar hacia un modelo social y económico europeo que sea innovador, con rostro humano. Para hacer de la democracia una herramienta para el presente y una perspectiva para el futuro.

¡Es el mejor camino aunque sea un largo camino!

………………..

[Nota del traductor, Javier Aristu: el autor usa en el texto original el término inglés Social democracy. La primera acepción se puede entender como nuestra expresión política habitual “socialdemocracia”; la otra hace referencia al término habitual en ciencia política “democracia social”. Se parecen pero no es lo mismo. Ante la duda y por el contenido del artículo hemos preferido usar el segundo porque es el que el autor francés utiliza en sus artículos en esa lengua]

Pierre Héritier fue secretario nacional de la central sindical CFDT y fundador de Lasaire, laboratorio de ideas e intervención social.


[i] Véase el poder de negociación de los sindicatos alemanes y el importante papel de los consejos de trabajadores y consejos de empresa.

[ii] Por modelo renano se entiende la forma de producción y distribución de los recursos sociales que ha sido propia de los estados de la Europa continental, principalmente Alemania y Francia, frente al modelo anglosajón o americano. Se basa en concebir la gestión capitalista de la economía con amplios acuerdos sociales de estabilidad.

[iii] La expresión es de Alain Mérieux, uno de los principales directivos empresariales franceses de la industria química.

[iv] Léase La ciudad del trabajo, de Bruno Trentin (traducción castellana de José Luis López Bulla, editado por Fundación 1º de Mayo)

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