Cultura libre y “peer production”: La era maker

copyleftgoteo.org   (Síntesis de lo publicado en El Diario.es)

¿Las bases de un nuevo modo de producir?

En marzo de 1975 nace de forma oficial el Homebrew Computer Club, un pionero grupo de aficionados a los computadores en Silicon Valley, que comenzó a celebrar encuentros de garaje para compartir experiencias, conocimientos, diseños, fórmulas en un foro abierto de discusión en torno al mundo de la computación. 

Los primeros ordenadores que empezaron a comercializarse en forma de kits de ensamblaje apoyados por instrucciones específicas de montaje en revistas electrónicas, ya apuntalaban los pilares del paradigma DIY ( Do It Yourself), sobre el que se desarrollaría posteriarmente la cultura hacker caracterizada por la intervención y construcción de infraestructuras tecnológicas de mano de geeks, expertos y amateurs, en un contexto de compartición de conocimiento y colaboración.

La combinación de cultura libre, autorreplicabilidad, fabricación digital y el paradigma DIY nos lleva inevitablemente a hablar de laboratorios abiertos de fabricación digital o Fablabs  y el movimiento maker. Estos centros surgen como resultado de una colaboración, dentro del Medialab del Massachussets Institute of Technology ( MIT), a principios de los años 2000, entre el Grassroots Invention Group y el Center for Bits and Atoms ( CBA). Aquellas investigaciones ya partían de la representación física de la información y el empoderamiento comunitario a través de las tecnologías. Neil Gershenfeld, director del CBA, define los Fablabs como

“una red global de laboratorios locales, que posibilitan la invención dando acceso a los individuos a las herramientas de fabricación digital. […] Un Fab Lab es una colección de máquinas y componentes comercialmente disponibles relacionadas mediante software y procesos desarrollados para fabricar cosas” (Gershenfeld, 2007).

Este movimiento de fabricación personal distribuida propone una clara redefinición del modelo de producción de conocimientos, objetos y entornos orientado y sostenido en lo que Lawrence Lessig denomina una “cultura lectura / escritura”, base d euna economía híbrida en la que los/as usuarios/as son productores y consumidores, prosumidores, de las tecnologías, los contenidos, los objetos y la información generada por esas mismas infraestructuras tecnológicas. Constituidos a menudo en comunidades como público recursivo, se caracterizan por estar “vitalmente comprometidos con la conservación y modificación material y práctica de los medios técnicos, legales, prácticos y conceptuales de su propia existencia como público” (Kelty, C., 2008, Two bits: The Cultural Significance of Free Software).

Estas comunidades y públicos de productores/as y usuarios/as generan, consumen, utilizan y cuidan la infraestructura común que los cohesiona, a través de la creación, difusión y compartición de conocimientos y aprendizajes en espacios digitales y físicos. El cuidado y conocimiento proactivo de la infraestructura de producción y consumo es una característica inequívoca de lo que se conoce como el movimiento maker que incorpora, en esencia, una dimensión estratégica crucial: alienta la invención y creación de prototipos incorporando una reflexión sobre su propia práctica y procesos, describiendo praxis y técnica, cuidando y reparando las tecnologías que sostienen el propio movimiento, todo ello de forma compartida, colaborativa y distribuida.

“Lo abierto”: un nuevo modo de crear valor colectivo y una opción política

Indiscutiblemente, la filosofia de lo abierto impregna estos procesos de prototipado: la copia, la reutilización, la mejora o reparación se conciben como generadores de valor colectivo y las licencias abiertas son el dispositivo que permite esta generación de valor, posibilitando la distribución de la capacidad justa de copiar y el equilibrio entre las fuerzas para diseñar, producir, distribuir, vender.

En la fabricación digital, lo abierto permite transformar los valores y principios que subyacen a las prácticas en objetos materiales, cosas susceptibles de ser manipuladas, reconfiguradas, testeadas, ajustadas. Se genera un materialismo radicalmente abierto al cambio: material pero moldeable, rígido pero reconstruible. Así lo sostiene Christopher Kelty refiriéndose al software libre:

“Todo diseño, todo mantenimiento, toda administración es política. Esto lo hemos sabido desde hace décadas, si no siempre, pero siempre se ha concebido como una sub-política, un campo de tácticas, no de estrategia. El software libre ha sido concebido por algunos como estrategia, estrategia material y de infraestructura, como estrategia para un nuevo mundo” (Kelty, C., 2013, There is no Free Software)

La fabricación digital, como práctica abierta de producción entre iguales, genera una disrupción en el modelo productivo industrial tradicional al liberar diseños y medios de producción posibilitando a cualquier persona en cualquier parte del mundo formar parte de estos procesos de generación de valor económico. Es enclave de lo que se empieza a conocer como “economía P2P”, en el que el acceso a un medio de producción de información- un dispositivo con conexión a Internet- permite el acceso a ciertos medios de producción material y, por tanto, reduce las barreras de entrada a flujos productivos emergentes que generan riqueza económica, social y cultural. Se genera lo que se conoce como opensource hardware o hardware abierto.

Propiedad intelectual y licencias sobre una obra. El Manifiesto Telecomunista 

Javier de la Cueva, abogado experto en propiedad intelectual y en las relaciones entre el Derecho y la Tecnología, las licencias libres permiten regular la forma en que el/la autor/a, titular de ciertos derechos sobre la creación, los cede o distribuye, siempre bajo las limitaciones definidas por la Open Source Definition.

Por su parte, la Fundación Copyleft, que promueve la utilización de licencias no restrictivas en arte, cultura y ciencia, define las licencias copyleft como

un “grupo de licencias cuyo objetivo es garantizar que cada persona que recibe una copia de una obra pueda a su vez usar, modificar y redistribuir el propio trabajo y las versiones derivadas del mismo. Unas veces se permite el uso comercial de dichos trabajos y en otras ocasiones no, dependiendo que derechos quiera ceder el autor”.

¿Cómo incorporar la logica mercantil en estas licencias? Este punto siempre genera posiciones encontradas: aunque ciertas corrientes del movimiento por la cultura y el conocimiento libres no reconocen la cláusula Non-Commercial como propia de una licencia libre por ser restrictiva en los usos permitidos y confusa en cuanto a su aplicación, cierta parte del movimiento va más allá, con una propuesta totalmente opuesta: las licencias copyfarleft. Estas licencias fueron propuestas por el programador de software libre Dmytri Kleiner en su libro The Telekommunist Manifesto. Su objetivo era el de crear una defensa contra la expropiación del procomún generado vía licencias copyleft por parte de intereses privados y con fines puramente económicos. Así, persiguiendo ciertas restricciones de mercado, The Telekommunist Manifesto, recupera la lógica del Manifiesto Comunista de Karl Marx y la incorpora a las formas de producción y distribución de conocimiento y cultura libres:

“[…]los trabajadores sean dueños de los medios de producción.Una licencia copyfarleft debe hacer posible que los productores compartan libremente y que conserven el valor del producto de su trabajo. En otras palabras, los trabajadores deben poder hacer dinero al aplicar su propio trabajo a la propiedad mutual, pero debe ser imposible que los dueños de propiedad privada hagan dinero al utilizar trabajo asalariado. Así, bajo una licencia copyfarleft, una imprenta cooperativa propiedad de los trabajadores debe poder reproducir, distribuir y modificar el stock común como quiera, pero una compañía editorial privada no podría tener libre acceso” (Bernardo Gutiérrez, Febrero de 2013 , “Copyfarleft, más allá del Copyleft”).

En cualquiera de las posiciones, la defensa de cultura libre y abierta se apoya en la concepción del conocimiento como un recurso abundante, no escaso, de uso no exclusivo y no rival, cuyo libre acceso y difusión beneficia la generación de riqueza y la innovación, además de favorecer la participación de las personas en los propios procesos de producción y creación.

Desde Goteo, sin duda, apoyamos esta forma de empoderamiento ciudadano a través de la apertura de la información y las infraestructuras, incentivando y visibilizando el prototipado de nuevas experiencias de este tipo que desean llegar a sus comunidades a través de nuestra plataforma. Se trata, en definitiva, de la aplicación de la cultura opensource y opendata para la fabricación digital de una sociedad de la participación y la innovación.

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