La “deuda” como pecado, la “austeridad” como penitencia

PecadoJoaquín Rábago

No hace falta recurrir a Paul Krugman ni a ningún otro Nobel de Economía. Basta con hacer uso de eso que nuestro presidente del Gobierno llama “sentido común” para darse cuenta de que la austeridad impuesta a los países periféricos y que nuestros Gobiernos tan disiciplinadamente aceptan no puede ser en ningún caso una salida.

Se recortan los sueldos de los funcionarios, pero también los de los trabajadores del sector privado; pierden año tras año poder adquisitivo las pensiones; se precariza el trabajo de los afortunados que todavía lo tienen; aumenta el IVA, y el resultado está a la vista: basta darse una vuelta por cualquier centro urbano.

Cada vez hay más comercios que cuelgan el cartel de “Se traspasa” mientras cierran, una tras otra, las empresas por culpa de la caída del consumo, lo cual significa menores ingresos del Estado, que a su vez recorta los servicios públicos y empeora sus prestaciones con el argumento de que no hay con qué financiarlos.

La canciller alemana, como la política conservadora y luterana que es, parece creer que esa política de austeridad la tenemos bien merecida las despreocupadas cigarras del Sur, que nos dedicamos a cantar alegramente mientras las hormiguitas del Norte ahorraban trabajosamente para su futuro.

Es ése un reproche que han asumido nuestros gobernantes tal vez por razones un tanto espurias: puede venirles que ni pintiparado para cortarles las alas a un Estado benefactor que, en su opinión, había crecido demasiado frente al sector público que ellos tanto privilegian.

Hoy toca pagar a todos por nuestros pasados excesos. Esa es la mercancia ideológica que un dia sí y otro tambien repiten “nuestros” medios.

Nada más falso, afirma el escocés Mark Blyth, profesor de Economía Política de la Brown University, de Providence (Estados Unidos), que ha escrito un libro titulado precisamente: “Austerity. The History of a Dangerous Idea” (“Austeridad. Historia de una idea peligrosa” Ed. Oxford University Press).

La austeridad que preconizan Merkel y compañía equivale, según él, una “total tergiversación de la realidad”, con la que se intenta responsabilizar a los ciudadanos como si éstos se hubiesen dedicado solo al jolgorio y al desenfreno. Entrevistado por el semanario “Der Spiegel”, Blyth señala sin dudar a los verdaderos responsables de la crisis de la deuda pública. Se trata en realidad, dice, de “una crisis bancaria endosada al sector público y de esa manera, camuflada”.

“Es el precio que los bancos han hecho pagar a otros por su rescate. Solo muy pocos fueron los invitados a la fiesta, pero ahora nos toca pagar a todos los platos rotos”, denuncia el politólogo.

Lo que más le irrita, confiesa, es la “conversión moral” de la “deuda” en “pecado”, de forma que la “austeridad” se convierte en “penitencia”: el dolor necesario para restablecer la perdida virtud. “Eso es ideología pura, falsa conciencia” para ocultar una realidad, critica Blyth, que se asimila a una “una crisis de distribución”.

“Si el Estado recorta el gasto, las consecuencias y las cargas que ello representa se distribuyen con mucha mayor inequidad” entre los ciudadanos, dice.

Y esto es lo que está ocurriendo ante nuestros ojos: empobrecimiento de las clases medias y brecha creciente entre una minoría cada vez más rica y la gran mayoría de la población, a la que se priva cada vez más de las posibilidades de ascenso social inherentes a la democracia.

¿Qué salidas realistas hay a esta situación? Para Blyth, solo éstas: una rigurosa regulación del sector bancario -algo que está todavía muy lejos de ocurrir-, unida al aumento de la carga fiscal que soportan los ricos y al mantenimiento durante mucho tiempo de tipos de interés muy bajos, inferiores al índice de inflación.

Ahora bien, ¿existen gobiernos, socialdemócratas incluidos, que se atrevan con esa tarea?

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Una respuesta a La “deuda” como pecado, la “austeridad” como penitencia

  1. Aurora dijo:

    Muy buena reflexión y muy buen articulo. Totalmente de acuerdo en que esto es una crisis bancaria endosada al sector público. Y con los impulsos reformistas de nuestros actuales gobernantes no les ha faltado tiempo para tocar a arrebato y meter las tijeras por doquier.

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