Dumping salarial en la Alemania modelo

dumpling salarialJoaquin Rábago

Muchos lo llaman “flexibilidad“. Los sindicatos lo califican sin ambages de “dumping salarial” y de “sociedad de clases” en la fábrica. Es algo que practican, amparadas por la actual legislación, algunas de las grandes empresas exportadoras de Alemania. Empresas como el fabricante de automóviles muniqués BMW.

La moderna planta que la BMW tiene en Leipzig, en la antigua República Democrática Alemana, ha sido considerada por dos conocidas escuelas de gestión empresarial como “la mejor fábrica” europea del año 2013. Y es sin duda una de las de mayor rentabilidad de todas las del sector del automóvil.

¿Qué significa hoy ser un centro de producción modelo?

¿Cuál es el secreto de esa rentabilidad? Lo explica en un artículo muy crítico el semanario Die Zeit de ese país: la existencia de distintas categorías de trabajadores, que no gozan de los mismos derechos ni por supuesto están igualmente remunerados pese a realizar muchas veces el mismo trabajo.

Están en primer lugar lo que podríamos llamar “privilegiados”, es decir los fijos de plantilla de la empresa. Les siguen los trabajadores vinculados también a ésa pero que no están amparados por el convenio colectivo sino que han firmado un contrato especial. Están luego los trabajadores de plantilla de empresas subcontratadas. Más abajo en la escala de remuneración y de derechos figuran los trabajadores con contrato especial de esas mismas subcontratas. Y por último, un poco como los parias del sistema, están los trabajadores autonomos eventuales y a tiempo parcial que rodean a esas subcontratas con relaciones esporádicas y puntuales. Hasta cinco categorías en total.

En la planta de Leipzig trabajan unos 3.800 trabajadores fijos, a los que se suman otros 1.500 de la segunda categoría, es decir adscritos a BMW, pero al margen del convenio colectivo. Los 1.800 restantes son prestados por otras firmas y realizan en su mayoría tareas de logística y montaje, según datos proporcionados por el comité de empresa.

Externalización y dispersión salarial: un proceso sin límite

Los sindicatos no estarían preocupados si se hubiesen externalizado sólo los servicios auxiliares como pueden ser los de limpieza o vigilancia: lo que hoy pasa a manos de empresas externas son actividades directamente relacionadas con la cadena de producción.

El resultado son escalas salariales divergentes. Según la investigación de Die Zeit, un trabajador fijo de BMW tiene un salario básico de 14 euros, al que se añaden complementos. Es lo establecido en el convenio colectivo del metal en el “land” de Sajonia. Los trabajadores de la segunda categoría, pese a no estar cubiertos por ese convenio, cobran desde 2008 la misma cantidad aunque sin derecho a complementos. En el primer caso, el salario medio es de 2.650 euros al mes y en el segundo, de 2.200. A los sindicatos no les preocupa especialmente esa diferencia porque en cualquier caso los trabajadores de plantilla proceden eventualmente de ese segundo grupo.

Otra cosa es lo que ocurre con los de las empresas subcontratadas, sean o no temporales, que trabajan también en la cadena de montaje. El salario de estos últimos a veces puede no llegar a los 8 euros la hora: es decir casi la mitad del de los de plantilla. Y por supuesto no tienen derecho a la paga de beneficios que sí tienen los primeros

En algunos casos incluso, por tratarse de padres con varios hijos o porque la pareja está en el paro, reciben para poder vivir un complemento del Estado. Es decir que éste suple lo que no pagan las empresas subcontratadas. Lo que no deja de resultar escandaloso tratándose de una firma de tanto éxito exportador como BMW.

Transparencia: es necesario contarlo para poder combatirlo

Es ésta la situación imperante en la planta de Leipzig desde que se inauguró en 2005. Nada ha cambiado hasta ahora y algunos en el comité de empresa denuncian el desinterés que hasta ahora habían mostrado los políticos, la prensa e incluso parte de los propios sindicatos por lo que allí ocurre.

Todo parece que cambió después de que un reportero de la cadena pública de televisión ARD se infiltrase, al modo del conocido periodista de investigación Günter Wallraff, en una empresa de logística subcontratada por la Daimler y denunciase la disparidad entre el sueldo que le ofrecían -8,19 euros– y el que cobraba por el mismo trabajo una trabajadora de plantilla: casi tres veces más.

Esas disparidades se producen también en otras conocidas empresas del sector del metal como ThyssenKrupp, donde por cada treinta o cuarenta de plantilla hay unos 500 que trabajan en régimen de subcontrata y no pueden acogerse al convenio regional del metal.

Los responsables de las empresas argumentan que si no fuera por esa “flexibilidad”, muchos empleos del “sector del montaje” habrían emigrado a algún país vecino de la Europa del Este, donde la mano de obra es más barata.

El sindicato alemán del metal -el IG Metall– quiere poner fin a ese “dumping salarial” que practican muchas empresas. El primer paso sería que los comités de empresa tuviesen algo que decir sobre los contratos que se firman con los trabajadores al margen de los convenios colectivos.

Ese sindicato parece haber recuperado en los últimos tiempos parte de la fuerza que un día tuvo con el incremento del número de afiliados, que llegan en la actualidad a 2,3 millones.

Su nuevo presidente, el socialdemócrata Detlef Wetzel, ha criticado en público la llamada “Agenda 2010”, del excanciller de su mismo partido Gerhard Schroeder, a la que hace responsable de los dos extremos: tanto de los bajos salarios que pagan muchas empresas alemanas como de los complementos del Estado, un sistema perverso que representa en realidad una subvención pública a firmas privadas que alcanzan enormes beneficios en el extranjero.

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