Tecnología y calidad del empleo, nuevo dilema

cogestionIgnacio Muro  Presidente de ASINYCO

¿Cómo afectan las nuevas tecnologías a la calidad y cantidad de empleo? ¿Cuál es el papel de la tecnología en los modelos sociales y económicos, dominantes o alternativos, asociados a la deseada salida de la crisis”?

Comencemos por una reflexión general. Todos habíamos previsto que los avances tecnológicos producirían cambios importantes en la ocupación; pero por los datos que día a día nos muestran los medios parece que nos equivocamos pensando que eso llevaría a aumentar la demanda de los trabajos más cualificados y a perjudicar el trabajo de los obreros menos preparados, que serían los facilmente sustituibles.

Efectivamente. Se pensaba que las nuevas tecnologías perjudicarían a los trabajos mecánicos cargados de las rutinas tradicionales pero la realidad es que la capacidad de estandarizar y descomponer operaciones intelectuales en programas informaticos, la capacidad de almacenar conocimiento cristalizado está siendo la principal cualidad de lo que reconocemos como tecnologías disruptivas. Un reciente informe del McKinsey Global Institute pronostica que en un futuro inmediato habrá una docena de nuevas tecnologías disruptivas, como la robótica avanzada, en donde el software reemplazará el trabajo ahora realizado por licenciados universitarios

En eso se fundaba en buena medida la ilusión, generalmente aceptada, de que una buena educación era una garantía para lograr un buen trabajo. El caso es que las
nuevas tecnologías no solo no facilitan la demanda de los puestos de calidad pronosticados sino que vienen a reemplazar precisamente a los trabajadores más calificados.

Un estudio de la Oficina de estadística de los EEUU muestra que las tres ocupaciones más
numerosas actualmente son los vendedores al detalle, los cajeros y los trabajadores en la
preparación y servicios de comidas rapida, o fast food.  Si nos centramos en los datos del pasado mes de agosto, veremos que de los 169 mil puestos de trabajo creados en EEUU, 44 mil son de vendedores y 21 de trabajadores del sector de la comida. Tambien en noviembre, 203.000 puestos fueron creados y la tasa de desempleo bajó a 7,0 por ciento.  Pero la creación de empleo sigue concentrado en el trabajo de bajos ingresos, incluyendo en el pequeño comercio, restaurantes y bares.  Teniendo en cuenta que ganan alrededor de 9$ la hora, no es de extrañar que son estos los sectores que están empezando a organizarse y a convocar huelgas por mejoras salariales. Batallas parecidas buscan presionar para que se suba el salario mínimo en los niveles federal, estatal y local.  Como señala un reportaje del New York Times,  más de la mitad de los trabajadores de comida rápida dependen de la asistencia pública para complementar su susbsistencia.

Se trata, ojo, de trabajadores entre los que hay gente con calificación universitaria,  estudios por los que se han endeudado con la confianza en que sus futuros sueldos les permitieran amortizar los 30 o 40 mil dólares de crédito que firmaron para hacer la carrera y que ahora están sin devolver mientras el sueldo no les alcanza para una comida al dia.

Esto ilustra un aspecto importante de la cuestión, el reconocimiento del hecho de que el valor de un título universitario ya no es el que solía ser, y el coste de obtenerlo comienza a ser prohibitivo. La concentración que se ha producido en estudios de ciencia, matemáticas, tecnología e ingenierías, que se pensaba aseguraban el futuro laboral de los estudiantes, está reduciendo las ventajas salariales que tenían estos titulados, y eso sin tener en cuenta que algunas especializaciones podrían quedar rápidamente superadas.

Lo que está pasando no es un empeoramiento temporal de las condiciones que podríamos combatir solo con los viejos métodos de lucha social sino que representan un cambio global de las reglas del juego, un cambio al que tendremos que enfrentarnos con una estrategia nueva.  Entre 2000 y 2012, los salarios se mantuvieron estancados o bajaron para el 60% de los trabajadores, aun cuando en esos años hubo ganancias de productividad cercanas al 25%.

Pareciera que esa seguirá siendo la tónica general:

Una gran mayoría sometida a puestas de trabajo de alta rotación y sueldos decrecientes mientras solo una exigua minoría vislumbra perspectivas de trabajo estable y de ascenso social.

La moderación salarial, se mantendrá como consigna permanente asociado a politicas de austeridad, eufemismos que marcarán la vida de una ciudadanía con pocas perspectivas economicas.

El debate sobre los salarios mínimos, el de los mínimos de susbsistencia, hoy ya centrales en Alemania y en EEUU recuperarán protagonismo en buena parte de los países occidentales.

Si se confirmaran esas tendencias, la quiebra de la igualdad de oportunidades sería ya un hecho incontrovertible y asumido por la sociedad.

Y todo ello es compatible con la existencia de empresas de alta tecnología, incluso de start ups capaces de desarrollar caminos rupturistas en nuevos campos o revolucionar los procesos productivos.  Como señalaba Javier Santiso en un artículo reciente en EL PAIS titulado ¿Salvarán las start ups a España? los 15 principales fondos de venture capital que invierten en Europa en las fases de expansión crearon menos de 2.500 puestos de trabajo en sus participadas a lo largo de 2013. En España, las 25 principales empresas tecnológicas credas por emprendedores, las denominadas startups, emplean menos de 2.500 personas en conjunto. Y no siempre empleo de calidad: la matriz de eDreams, ubicada en Barcelona, tiene 1.300 empleados pero buena parte de ellos son gestores comerciales de bajo perfil.

Son muchas las preguntas que se sugieren la actual situación.

¿Es posible el desarrollo de la sociedad del conocimiento despreciando al Trabajo, como elemento esencial en la generación de valor?

¿Cual es papel desempeña la denominada economía colaborativa?  ¿Es sólo economía social, qué otros sectores comprende?

¿Qué papel tienen las start up en el incremento de la competitividad?  ¿Y en el empleo?

¿Qué gobierno corporativo debe potenciarse en las empresas para facilitar los cambios hacia la innovación productiva?

Se trata de preguntas cercanas a la política y a la sociología, no solo a la economía. E intentaremos abordarlas en el ciclo sobre SOCIEDAD CIVIL Y ECONOMÍA COLABORATIVA en las charlas-debate organizadas por ASINYCO (Asociación Información y Conocimiento) que iniciamos el pasado martes 17 con la presencia de Javier Nadal

 

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Acerca de Ignacio Muro

Economista, miembro de Economistas Frente a la Crisis. Analista social. Profesor de Periodismo en la Univesidad Carlos III y experto en procesos informativos. http://www.ignaciomuro.es. @imuroben
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