De la dualidad del mercado laboral a “la gran rotación”.

trabajador culpableJuan Irigoyen   (Publicada en Transitos Intrusos con el título La Gran Rotación y la falacia de la “cognitive load”)

La rotación es la palabra clave que descifra el aspecto más relevante del proyecto neoliberal global. Se trata de constituir un núcleo de empleos estables imprescindibles en la industria y los servicios, para instaurar una precarización generalizada del resto del empleo, de  la que resulte una masa laboral que rote por los puestos de trabajo disponibles. Las personas que rotan, desarrollan sus vidas laborales alternando tiempos de trabajo y tiempos en la cola del desempleo, donde deben aceptar que tienen que adquirir competencias suficientes para vencer a sus iguales en la eterna competición por un puesto de trabajo temporal.

La masa laboral expulsada de la construcción, de la agricultura y la pesca, de la industria y de los servicios, así como del sector público, conforma una población homologada por su aspiración a un puesto de trabajo. Es la población predestinada a rotar por el mercado de trabajo. Así se configuran destinos sociales de segundo nivel en la sociedad global emergente. La rotación deviene en una marca para las personas destinadas al tránsito sin final por el mercado de trabajo.

El proyecto de la gran rotación se encuentra muy avanzado y no se oculta. En los discursos de las autoridades regionales del sistema-mundo, en sus homólogos estatales y autonómicos, en los empresarios, en las escuelas de gestión, en los expertos económicos y en los medios de comunicación. El factor clave en los análisis realizados es el número total de puestos de trabajo. Estos se han emancipado de sus atributos, de su cualificación, siendo, en rigor, puestos de trabajo brutos, nunca mejor dicho.

De este modo, los aspirantes a los puestos de trabajo brutos, procedentes de los contingentes de los desempleados, de los precarios severos, de los que se encuentran almacenados en el sistema educativo en espera, de los que han desempeñado su vida laboral en la economía sumergida, así como de inmigrantes atrapados en distintas trayectorias, conforman la población definida por el destino social común de rotar por el mercado laboral. El ciclo de tiempo compartido entre trabajo bruto y desempleo, puede alterarse mediante tiempos de incorporación al ejército de reserva global, que los expertos denominan “movilidad exterior”, o alguna experiencia de desaparición de las estadísticas, es decir, en una experiencia de trabajo “negro”.

La des-programación de los servicios universales 

La conformación de esa población rotante como destino social de segundo nivel, implica la materialización de un disciplinamiento social de gran envergadura. Las vidas de las personas marcadas se concentra en las colas de espera, condiciones en las que el miedo y la autocensura constituyen las bases del gobierno de lo social. Los derechos o la misma democracia parecen imposibles en este contexto. La amenaza de una regresión con respecto a la era industrial es patente.

En coherencia con este mercado laboral dual que constituye una masa laboral rotante, en el que una parte de la misma es prescindible para el funcionamiento del sistema, las políticas sociales se reformulan sobre este supuesto. La asistencia sanitaria y la educación, antaño universales, los servicios sociales compensatorios de situaciones de desventajas sociales múltiples, así como las pensiones, son reestructuradas para ser adaptadas a la lógica del sistema global. Ahora impera la desuniversalización. Para los rotantes y los destinos sociales de segundo orden, se construyen dispositivos específicos con arreglo a su rango.

Este es el factor oculto que proporciona sentido a las reformas que se han iniciado en los últimos años. Estas no son inteligibles en el escenario comunicativo actual generando la irritación de sus desconcertados destinatarios. Estos ignoran que han perdido la condición de obreros necesarios para la producción industrial o los servicios, que ya no son el objeto de atención de  los dispositivos estatales típicas de la era del fordismo y del estado del bienestar. Ahora están llamadas a convertirse en un conjunto de moléculas concentradas en el fluido de la cola de la eterna rotación. Han perdido la condición de ser estrictamente necesarios para un nuevo sistema que ya no necesita de toda la población.

Este proceso no es bien percibido, a pesar de la manifestación inequívoca de sus principales elementos en las comunicaciones públicas. Los sistemas de percepción y valoración de los denominados ciudadanos, así como de las instituciones en proceso de transformación, tanto políticas, mediáticas o de producción del conocimiento, que se encuentran deslocalizadas, lo dificultan. Así, algunas dimensiones de la gran transformación son identificadas pero, aisladas entre sí, se convierten en inteligibles. De ahí los malestares difusos derivados de la incapacidad de racionalizar acontecimientos que parecen inverosímiles.

Legitimando la sociedad de la rotación

El cuadro resultante de esta transición es de alta complejidad. Los poderes que impulsan el cambio actúan firmemente, mediante una estrategia de escalonamiento secuencial. La oposición institucional  clama contra algunos de los elementos más manifiestos de este cambio, reclamando el retorno a la situación anterior. Mientras tanto, sus ilustres colegas inscritos en las instituciones regionales europeas del sistema-mundo, así como los expresidentes y altos cargos de los gobiernos anteriores, actúan en favor del poder global sin máscara alguna. En el caso del PSOE la situación alcanza niveles de comicidad, salvo en el caso de los afectados por la gran rotación, para los que representa una tragedia.

Alcanzar la meta de la sociedad de la rotación, implica dotarla de la legitimidad necesaria. Para ello los poderes que la impulsan necesitan conquistar la opinión pública haciendo aceptar sus definiciones. En el estadio actual, se hace patente la gran descalificación de los profesores para constituir la educación dual; del mismo modo se descalifica a los médicos y enfermeras para facilitar el tránsito a una sanidad privatizada; los funcionarios también comparten el mismo destino, en tanto que son un obstáculo para el nuevo estado relacional ligero.

La población de los condenados a la rotación, que tiene que aceptar la ley de hierro del nuevo sistema “mejor es un puesto de trabajo eventual que el paro”, es también severamente descalificada por los nuevos poderes. Es imprescindible erosionar el imaginario universal, que todavía subsiste de los tiempos de la industria, la expansión del consumo y el estado de bienestar. En las comunicaciones públicas, las declaraciones de autoridades, expertos y comunicadores, que conforman el dispositivo que empuja a favor de la gran rotación, los contenidos son cada vez más explícitos.

En favor de la construcción de la gran descalificación de los que rotan y van a rotar, se explota el yacimiento de las neuropsicologías. Es preciso constituir un retrato-robot de los destinos sociales de segundo orden, que atribuya la responsabilidad individual de su situación a las mismas víctimas. En estas coordenadas se inscribe la construcción de un discurso que distingue entre los racionales comportamientos de los que ocupan posiciones de privilegio y los deficientes comportamientos de los vulnerables, ahora rotantes. Estas diferencias se asientan sobre la tan objetiva diferenciación de sus mismos cerebros.

La interiorización de la incertidumbre y la perdida de objetivos

El concepto principal es que la pobreza o la precariedad determinan un volumen considerable de carga cognitiva, “cognitive load”. Esta se deriva del estrés, la interiorización de la situación de incertidumbre y de la ausencia de objetivos que conlleva una situación que no puedes controlar. Los comportamientos asociados a la alta carga cognitiva pueden ser poco racionales, tener componentes de autodestrucción, impetuosos y carentes de disciplina.

El objetivo es construir los mecanismos de descalificación sobre las conductas de los que van a rotar. El argumento central es que la situación del rotante se encuentra determinada por su déficit de competencias individuales a la que se atribuye una base biológica. Se afirma que la carga cognitiva influye sobre la corteza prefrontal del cerebro en el que se realizan las funciones ejecutivas, tales como la regulación emocional, la toma de decisiones o la planificación a largo plazo. Así se completa el ciclo de la individualización del destino social y la abolición de las condiciones sociales.

La red de poderes, dispositivos expertos y comunicadores que los apoyan, construye un argumento en apoyo al proceso de construcción de la población que rota, legitimando su discriminación. Ahora se puede entender a este mundo de personas rotantes,  cuyas menguadas competencias laborales se acompañan por la compra compulsiva, la mala gestión de sus dineros, la incapacidad de tomar decisiones y el deterioro inevitable de sus decisiones sociales.

Sobre estas falacias se está constituyendo un poder que va adquiriendo la naturaleza de un nuevo autoritarismo tecnocrático, apoyándose en las instituciones que desempeñan el papel de selección social y gestión de las colas de los condenados a rotar. Me pregunto sobre la corteza prefrontal de muchos empresarios, diputados, expertos y comunicadores. Todo esto es muy inquietante. Termino rememorando el “Digem no” de Raimon de los tiempos de mi juventud. Ahora el “hem vist la por, la fam” deben complementarse con “hem vist la rotació”. Pero permanece inalterable el “nosaltres no som dêixe món”, que expresa elocuentemente la regresión que opera en el presente.

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