Balance de un año desde la elecciones italianas

BerlusconiFernando de Miguel

Se está cumpliendo un año desde las últimas  elecciones italianas que acabaron con el gobierno tecnocrático de Mario Monti y que pronosticaban un triunfo de la izquierda como final de la larga etapa de protagonismo de Berlusconi  en la vida política italiana.

Los brutales efectos de la crisis económica y de contrarreforma social, impulsadas desde la UE han provocado una modificacion sustancial de la correlación de fuerzas sociales, desnivelando a favor de las élites dirigentes los mecanismos de distribución de la renta. Como era previsible, esas políticas austericidas generaron en Italia, como en el resto de los países del sur de Europa, un auge de los populismos y de las posiciones antipartido/antipolítica.

Las ultimas elecciones italianas supusieron (ya lo dijimos en otro articulo para Poli-tic) la derrota sin paliativos de la opción Monti, el éxito del movimiento antipartido Cinco Estrellas y el matenimiento de Berlusconi  con una propuesta populista y de enfrentamiento demagogico con la UE. Su papel fue decisivo porque supo aprovechar su control sobre los medios para favorecer la presencia allí de Cinco Estrellas en una estrategia de división de voto que le permitiera seguir influyendo en las decisiones políticas y defender sus interés políticos y personales. 

Estas circunstancias debilitaron notablemente la capacidad del centro izquierda para lograr la mayoría que necesitaba para poder impulsar su alternativa de cambio, sin fuerza suficiente para romper el muro de la política mayoritaria de la UE y con dudas de que, finalmente, tuviese que ejecutarla.

Los hechos, desde los resultados electorales que comentábamos, se han encargado  de  demostrar, que los riesgos que comportaba esta situación, se han materializado de forma contundente.

La dependencia de Bersani del grupo Cinco Estrellas para superar en el Senado su investidura era imprescindible para sacar a Berlusconi de cualquier papel de árbitro/aliado de la política, que permitiese el chantaje continuo a la acción de gobierno en base a sus intereses y  deteriorando aún más la imagen de la izquierda.

El movimiento Cinco Estrellas podía haber facilitado la investidura de Bersani, aún sin entrar en el Gobierno, ni pactar ningún programa, incluso dividiendo su voto entre la abstención y el apoyo, en lo estrictamente necesario para facilitar la investidura. Una iniciativa de esta naturaleza habría permitido, al tiempo que mantenía su total independencia política ante futura acción de gobierno, eliminar totalmente el protagonismo de Berlusconi, que tendría que asumir, de una vez, todos  sus procesos judiciales. Ello habría debilitado poderosamente la coalición de partidos conservadores, al perder  la capacidad para condicionar la actuación parlamentaria.

Por el contrario,  la negativa a cualquier acción de esta naturaleza, que fue lo que finalmente decidió monolíticamente el grupo Cinco Estrellas, dejó a Bersani ante la opción de pactar con Berlusconi o dimitir, como finalmente sucedería.

La negativa de Napolitano a convocar otra vez las elecciones, propicia el nuevo encargo al Partido Democrático, con  Letta como primer ministro, que ya conllevaba la claudicación a pactar con Berlusconi, que de nuevo vuelve a poder condicionar toda la acción política.  A su vez permite a Cinco Estrellas, quien lo había posibilitado/forzado, utilizarlo para justificar  su tesis sobre el corporativismo político de “todos los demás”.

La sentencia firme de condena a cuatro años de cárcel por fraude fiscal a Berlusconi, a pesar de toda la legislación gestada “ad hoc” para evitarlo, seguido de su  órdago de que la gobernabilidad de Italia dependía de su inmunidad, pone de nuevo en manos de Cinco Estrellas la posibilidad de protagonizar el final político del Cavaliere y acabar con  su condicionamiento de la política italiana, al tiempo de posicionarse como control de un gobierno progresista en minoría. De nuevo, sin embargo, opta por negarse a cualquier acuerdo o, simplemente, a adoptar una posición de apoyo unilateral a una moción de confianza de Letta, que permita hacer irrelevante cualquier posición del  partido de Berlusconi.

El resultado de la inacción de Cinco Estrellas es una redición de las componendas y travestimientos habituales en la política italiana. Letta ganó la moción de confianza  y dejófuera de juego a Berlusconi  gracias a la “traición” de sus representantes en el gobierno, que consuman una escisión en su partido para mantenerse y poder seguir, ahora ellos, condicionando la vida política. De nuevo, lógicamente, un episodio más de deterioro de la imagen de la clase política.

Cinco Estrellas, el partido que individualmente había sido el más votado en las elecciones, ganaba protagonismo en paralelo al jugado  por la derecha berlusconiana. Su inacción y la inutilización de los votos de más de 8,5 millones de ciudadanos de clara base progresista, mostraba el viaje hacia la irrelevancia política en el que está empeñado.

Pero la caja de sorpresas de la política italiana continúa.  Para celebrar el aniversario de las elecciones de 2013, el Partido Democrático, tras renovar democráticamente su liderazgo, ha decidido crear una crisis interna de gobierno, manteniendo las mismas alianzas y, además, exhumar el cadáver político de Berlusconi, que, con todos sus procesos judiciales y escándalos a las espaldas, vuelve a protagonizar la vida política, negociando la nueva ley electoral, a la que promete un apoyo que le pueda permitir jugar el papel socio necesario que siempre deseó. La imagen de su vista a Napolitano, en las consultas para la formación del nuevo gobierno, es la más elocuente muestra de la situación.

A nivel europeo la inexistencia de un gobierno progresista independiente en Italia ha debilitado seriamente la viabilidad de un frente sólido para un cambio en la política de la UE, evidenciando la enorme importancia de canalizar positivamente el malestar y la rabia generados por una gestión antipopular de la crisis, que no desemboqué en la abstención o en una antipolitica estéril.

La enorme desmovilización de la izquierda en las últimas elecciones de España, que dio como resultado una mayoría absoluta de la derecha, ha evidenciado hasta dónde puede llegar la instrumentación de las políticas económicas auspiciadas por la línea dominante y el nivel de contrarreforma en todos los aspectos social, asistencial, laboral y de libertades individuales, paralelamente a la más rocosa defensa partidaria de la marea de corrupción que  les atraviesa a todos los niveles.

Que la izquierda sea capaz de canalizar positivamente de forma plural, todas las energías manifestadas en los movimientos de resistencia a estas políticas es condición básica para el proceso de regeneración necesario. No cabe duda que las próximas elecciones europeas del 25 de mayo,  donde se decide buena parte de estas políticas, debería ser el primer paso en esa dirección.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Comunicación / social media, Globalización / Gobernanza y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s