Un cambio de mentalidad sobre las empresas

empresasJoan Fontrodona     (Empresa y Sociedad)

Estábamos tan necesitados de buenas noticias que, en cuanto han aparecido los primeros síntomas de recuperación económica, se ha abierto la veda para titulares que no se veían desde los gloriosos años del boom económico.

Parece que nadie se acuerda ya de aquellos mea culpa que algunos entonaban con (¿falsa?) compunción, o de quienes auguraban la desaparición del sistema económico tal como lo conocíamos al grito de “nada volverá a ser igual”. Pues, mucho me temo que todo volverá a ser igual, si no peor.

  1. ¿Qué habremos aprendido de la crisis?
  • Sería muy triste que lo único que aprendiésemos fuese que hay que perfeccionar las técnicas económicas y financieras, como si todo fuese una cuestión de mejorar nuestra “racionalidad limitada”; o, peor aún, que aprendiésemos que todo es una cuestión de aumentar la regulación, como si todo se solucionase con más control, olvidando que los seres humanos somos suficientemente astutos para saltarnos cualquier sistema de control que se nos imponga.
  • Lo que deberíamos haber aprendido es la necesidad de un cambio de mentalidad en la forma de entender las empresas y, por extensión, el sistema económico y financiero. No se trata tanto de cambiar el sistema capitalista (o quizás sí) porque los elementos están ahí y las variables son las que son; pero sí de ponerle un poco de imaginación moral que nos lleve a ordenar y relacionar esas variables de modo distinto.

El modelo comúnmente aceptado, que entiende que la empresa está para ganar dinero y maximizar el valor del accionista, es el que nos ha llevado a la situación en la que estamos. No basta ni con perfeccionarlo ni con ponerle límites: hay que rediseñarlo.

Ha habido algunas propuestas en este sentido.

Algunas, como el concepto de “valor compartido” acuñado por Michael Porter, muy continuistas.

Otras, como la idea de “empresa social” de Muhammad Yunus –para quien el inversor no tiene más derecho que recuperar el dinero que ha prestado- claramente rompedoras.

También propuestas como las Benefit Corporations, las empresas híbridas o el emprendimiento social –o las cooperativas, muy propias de nuestras tierras- van en esta línea de cambio de paradigma.

¿Cuál es mi propuesta?

No debe ser el capital el que esté en el centro de atención de la actividad empresarial, sino el trabajo. Se trata de que el objeto de las empresas no sea el crecimiento del capital sino el desarrollo de las personas.

Hace unos meses, hablando de estos temas con un equipo directivo de una empresa grande, me preguntaba asombrado el presidente: “Pero, entonces, si una empresa no está para ganar dinero, ¿para qué está?”. “¿Para qué está? -le respondí yo- Para que tú y tu gente seáis más felices!”

¿Nos atreveremos a medir el éxito de una empresa no por los beneficios que genera sino por el grado de felicidad que promueve?

(Artículo publicado originalmente en La Vanguardia, 7 diciembre 2013)

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