¡Precarios del mundo, uníos!

precariedadeDel blog bagabigahiga

Derivado de esta gran estafa que vivimos, llamada crisis por algunos crédulos, en la que mucha gente pasa de entender el capitalismo como algo lógico y normal y, por tanto, algo que no es necesario ni mencionar, ni analizar, ni tan siquiera pensar en ello, por que se da por hecho, a entenderlo como un sistema que, mejor o peor gestionado, nos lleva a la ruina, muchos conceptos están cambiando. Cambios que no reflejan si no una evolución, a mi juicio necesaria, para poder crear un discurso adecuado a un contexto que poco tiene que ver con otros momentos históricos de eso que llamamos lucha de clases, o lo que es lo mismo, la lucha de la gran mayoría empobrecida contra la élite económicamente dominante. Incluso conceptos intocables para los analistas, en nuestro caso de la izquierda, están evolucionando.

Uno de estos nuevos conceptos que mas me ha gustado, por considerar que se ajusta en gran medida y da mayor comprensión de la realidad de la mayoría social, es el concepto de “precariado”, como unión de “precario” y “proletariado”, tomada del estudio “la sociedad en transformación” de la alemana Fundación Friedrich Ebert.

Más que una nueva forma de trabajo, un modo de vida

Esta nueva forma de vida, porque va mas allá del modelo de trabajo que se nos ofrece caracterizado por un franco declive de las condiciones laborales, tiene como característica fundamental la ruptura del propio estatus de trabajador, como espacio de reconocimiento social vinculada a una determinada actividad profesional.

  • La carrera profesional era sinónomo de identidad. El proletario, entendido extensivamente como clase social dependiente de los ingresos provenientes de la venta de su fuerza de trabajo, ya sea asalariado, autónomo, funcionario o incluso pequeño empresario, aún con bajos pero mas o menos estables ingresos, podía construir e identificarse con una carrera profesional a lo largo de su vida, incluso formarse, especializarse y evolucionar dentro de esta. Por contra, el precario carece de una mínima seguridad y estabilidad en un empleo o campo profesional determinado que le permita desarrollar esta identidad y mejorar en su desempeño. Sus ingresos son tan bajos e inestables que, aún con trabajo, no le proporcionan la posibilidad de acceder a una vivienda digna o una educación superior, a la formación de una familia con una mínima garantía o una alimentación saludable y suficiente.
  • El trabajo era una herramienta de integración social de las personas, sobre todo desde la mitad del siglo XX tras la época de posguerra. A través del trabajo adquirías derechos, accedías al consumo, existiendo así un ciclo que se ha venido reproduciendo en las últimas décadas. El trabajo nos daba cierta libertad basada en la autonomía que aporta la disposición de efectivo, lo que supone, a fin de cuentas, mayor capacidad de tomar libremente decisiones en un mundo basado en un sistema en que la posibilidad de tomar decisiones está supeditada a que te puedas financiar esas “decisiones”. ¿Tengo dinero para comprarme una casa? Entonces soy libre para comprarme una casa. ¿Tengo dinero para comprarme un coche? Entonces soy libre para comprarme un coche. ¿Tengo dinero para pagarme una cañas? Entonces soy libre para tomarme unas cañas. Y así con todo, vacaciones, ropa, teléfono móvil… por resumirlo de alguna manera, el trabajo nos permitía acceder a ciertos derechos que a su vez nos dejaban disfrutar de cierta dignidad.

Sin embargo hoy, por el contrario, el trabajo, o gran parte de los trabajos existentes actualmente, ya no integran. No solo por su escasez (un 26% de la población en Estado o un ya casi un 20% de la población en Hego Euskal Herria no puede acceder a uno) si no porque el que sí existe, el otro 80-74%, no proporciona a la mayoría de los y las trabajadoras unos mínimos exigibles para tal objeto. La gran mayoría de la gente, aún con trabajo, no puede permitirse acceder a una vivienda, pagarse una carrera universitaria o comer decentemente y comprarse algo de ropa en un mismo mes.

La precariedad significa abandono de una vida digna…y aislamiento.

El único modelo social que se nos ofrece, no por casualidad, ni por que así lo haya definido el devenir azaroso de la historia, si no configurado así por las élites gobernantes, a petición expresa de la élites económicas (perfectamente visible en las reformas laborales y de las pensiones que los sucesivos gobiernos han venido haciendo a petición de “los mercados”, o sea, de grandes empresas y entidades financieras), es el modelo vital de la precariedad, no solo en el entorno laboral, si no la precariedad como forma de vida.

El trabajo ya no nos es una necesidad para acceder a los medios de vida, si no que nos es imprescindible para acceder a medios de supervivencia. Además de ser mas escaso, cada vez es menos garantía de acceder a una vida digna, como nos explican las estadísticas que dicen que cada vez hay mas gente que, incluso con trabajo, es pobre.

En esta situación, por la inexistencia de referente físico y grupal, el precario, aislado, carece de la posibilidad de una mínima representación colectiva de sus intereses. Dada la propia situación de precariedad la posibilidad de ejercer presión se difumina. La solidaridad entre precarios es prácticamente imposible, al no existir ese espacio de encuentro.

Esta ruptura de las formas laborales debe llevarnos a la creación o utilización de nuevos contextos en los que encontrarnos. Pueden ser las plazas, cuando se de o se organice la posibilidad de llenarlas y hablar, pueden ser las organizaciones sociales, o puede que haya que crear nuevos foro. Pero de lo que no cabe duda es de que, destruidos los modelos clásicos de relaciones laborales no podemos seguir limitados a los modelos clásicos de organización de las y los trabajadores. Si los modelos clásico muestran cierta ineficacia, al menos para gran parte de la clase trabajadora sumida en la precariedad, es hora de inventar nuevas formas. Lo que continúa igual es el hecho de que la unión y la lucha colectiva son el único camino para cambiar las cosas.

¡Precarios del mundo, unámonos, organicémonos y luchemos!

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Dia 8 de mayo, estás invitado al debate:  “El nuevo precariado en la España sumergente”

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2 respuestas a ¡Precarios del mundo, uníos!

  1. Jose dijo:

    Efectivamente la presión sindical descoordinada entre países, con la deslocalización productiva, han perdido su eficacia. La clase obrera deberá coordinarse globalmente para poder influir o negociar efectivamente. O imponer barreras a la deslocalización (aranceles). Creo que la globalización debe de servir para mejorar el bienestar y mejorar las oportunidades de todos y no para destruir el estado de bienestar a costa de beneficiar a unos pocos. Y soy empresario.

    • De acuerdo en todo, Jose. Solo reconsiderando la libertad de capitales (financiero, mercantil, productivo), poniéndola limites, aranceles para compensar el dumping social, por ejemplo, se puede dar la vuelta a este mundo global.

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