El ébola y la impotencia poscolonial de una mirada africana

ebolaJoaquin Rábago

En la epidemia del ébola, (sigue intacta aunque no queramos verla) como en cualquier otra crisis que tan duramente castigan al continente negro, raramente se han oído,  al menos en Occidente, las voces de los propios africanos. Sobre todo de sus intelectuales.

De ahí que haya que destacar las palabras de un conocido historiador y teórico del mundo postcolonial, el profesor de la éUniversidad Witwatersrand, de Johannesburgo, Achile Mbembe, quien se dio a conocer en 2000 con su libro “En torno a la postcolonia: ensayo sobre la imaginación política en el África contemporánea”.

Al tratar de la respuesta internacional al ébola, Mbembe se fija en el carácter sobre todo militar de la intervención sanitaria – “A Liberia han llegado 3.000 soldados estadounidenses”– y en el consecuente silencio de la población que lo sufre.
Cada intervención que llega de fuera, ya sea militar o civil, es una nueva demostración de que los africanos son incapaces de resolver por sí mismos sus problemas”, afirma el historiador de origen camerunés en una entrevista que publica el semanario alemán Die Zeit y cuyos principales argumentos he creído importante compartir con el lector.

Mbembe dice no estar en principio contra las intervenciones exteriores, pero sí quiere llamar la atención sobre qué es lo que en el fondo las ha vuelto necesarias, así como sobre los indeseables efectos colaterales que tienen sobre los propios africanos.
Desde la época de Alexis de Tocqueville ese mismo Occidente que convirtió en esclavos a millones de africanos no ha dejado de preguntarse si esos pueblos pueden gobernarse solos, y ello pese a que en el continente negro viven como en todas partes agentes dotados de razón, aunque se vean “obligados a actuar en condiciones postcoloniales”.

El gran problema, nos explica, es que el fin de la era colonial trajo consigo durante mucho tiempo “desorden y miseria”, y con sus programas de adaptación estructural, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial no han dejado que funcionase un sistema de salud mínimamente viable.

Además, Sierra Leona y Liberia tienen detrás casi un cuarto de siglo de guerras civiles con todas sus secuelas: éxodo, desarraigo, muerte, destrucción y saqueo de los recursos naturales. No hay allí políticas sanitarias a largo plazo ni personal sanitario suficiente.
Todo ello hace que la salud de los africanos esté en manos de personas llegadas de fuera para hacer frente a emergencias puntuales y cuyas actividades se financian también desde el exterior. Y esas personas no pueden tomar apenas conciencia de “en qué culturas actúan, de qué significan allí la salud, la enfermedad o la muerte, lo que da lugar a graves malentendidos”.

En África, denuncia Mbembe, falta una infraestructura sanitaria que merezca tal nombre y eso hace que muchos enfermos no puedan ser tratados. Ello no significa que las poblaciones locales desconfíen de quienes vienen de fuera a ayudarlos, sino que es consecuencia de una “historia secular cuya penúltima etapa, tras la esclavitud, el colonialismo y la explotación son décadas de guerras civiles”.

Pero es que además el escepticismo está justificado, dice el historiador, cuando la ayuda exterior es “una ficción” porque “de este continente sale más dinero y materias primas que inversiones entran”.

Cuando faltan guantes de caucho…en el país del caucho

Y Mbembe pone un ejemplo muy actual que lo explica todo: en los hospitales liberianos faltan guantes capaces de proteger del ébola. ¿Cómo es posible que ello ocurra, se pregunta, en un país que es uno de los mayores productores mundiales de caucho?

El sector de la explotación del caucho está dominado por la empresa estadounidense Firestone. Liberia se ve obligada a exportar esa materia prima y carece de una industria local capaz de fabricar los guantes de látex que ahora necesita para cuidar a los enfermos.
La mortandad por sí sola apenas conmueve al mundo. África es a ojos de Occidente, dice el intelectual camerunés, el continente donde inevitablemente mueren millones.

Y es “absurdo”, dice el historiador del África postcolonial, que un continente enorme, riquísimo en materias primas y con grandes posibilidades de desarrollo tenga que ver diariamente cómo sus jóvenes se ven obligados a salir de sus países para, con peligro de sus vidas, intentar alcanzar otros donde no son deseados.

“Quien conoce mi trabajo, explica Mbembe, sabe que no se trata de ‘culpar a Occidente’”: “El vacío de poder postcolonial en los países africanos es un drama, la política está en muchas partes militarizada y apenas deja surgir un proceso político de toma de decisiones”. Y eso es lo que él pretende cambiar para que el continente gane confianza y sea finalmente capaz de gobernarse a sí mismo.

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