RSC: truco o trato

rseJose Carlos Gonzalez   (Comfia-CCOO) (Publicado en Dossier Economistas Sin Fronteras)

Para empezar, os traslado un par de ideas básicas referidas a la RSE cuya razonabilidad parecen discutirse:

“Las empresas serán evaluadas sobre su responsabilidad social, independientemente de que voluntariamente asuman compromisos.”

‘La crisis ha reafirmado la necesidad de la vigilancia de los propios organismos de control y regulación, tanto públicos como privados. Se ha demostrado el enorme fallo y el continuo conflicto de intereses entre grupos políticos, económicos, mediáticos, y el mundo de la consultoría y auditoría”.

¿Es esta una visión ‘radical’ de la RSE? ¿Es radical decir que la RSE tiene que ver tanto o más con la obligación (para muchos, una palabra maldita) como con la voluntariedad: ¿No está la RSE asociada a un conjunto de obligaciones? Obligación de las empresas a informar sobre sus impactos en la sociedad y el medio ambiente; obligación del Estado de facilitar y dar seguridad sobre esta información sobre los riesgos de las empresas;  obligación del Estado de proteger a sus ciudadanos y al propio sistema socioeconómico. ¿Es radical pedir concreción, coherencia, definición, hablar de la influencia de las empresas en las leyes y en los reguladores? ¿Es radical lo razonable?

Un año después de la tragedia del hundimiento de la fábrica textil de Bangladesh, cuatro años después de la explosión de la plataforma petrolífera de BP en el Golfo de México, siete años después del comienzo de la actual crisis: ¿hemos aprendido algo? ¿Cómo es posible que nos encontremos en la situación actual? Más aún, ¿hemos aprendido algo desde Enron, o desde Bophal?

Parece que no hemos aprendido nada de los “accidentes corporativos”, siempre relacionados con los riesgos. El fallo estrepitoso de las agencias de calificación crediticia puede que sea el ejemplo más paradigmático. Y aquí estamos, como tontos, viendo de nuevo cómo nos puntúan. Frente a la realidad que demuestran los “incidentes” (de todo tipo: desastres medioambientales, humanitarios, de buen gobierno, retribuciones socialmente repugnantes, estallidos de burbujas…), es evidente la necesidad de un cambio. Sí, radical.

Existe un paralelismo entre el estrepitoso fallo de los instrumentos de control financiero y las iniciativas y certificaciones privadas de RSE y derechos laborales que debemos seguir poniendo en evidencia.

La situación, en la RSE y en la crisis, tiene que ver con la influencia del sistema político-empresarial sobre las leyes, regulaciones y reguladores. Y ¿qué influencia, qué actitud, ha tenido la patronal europea en la determinación de indicadores y temas que deben reportar las empresas en todos los procesos de RSE en marcha? Una muestra de esa actitud, que se mantiene hasta ahora, fue descubierta in fraganti y recogida en un importante documento del Parlamento Europeo (Informe Howitt. 2007):

«…Finalmente, la Comisión decidió excluirse del debate y presentó una Comunicación en la que respaldaba firmemente un enfoque contrario a todo tipo de regulación. Los Comisarios celebraron una serie de reuniones privadas con representaciones empresariales seleccionadas para negociar el texto de la Comuni- cación, que fue descrito como «consensuado» por el mundo empresarial, y solo se reunieron personalmente con ONG interesadas para abordar su contenido una vez publicada la Comunicación. El principal funcionario de la Comisión responsable de la RSE fue aparentemente apartado de su puesto, tal vez para dar cabida a este nuevo «consenso». Un memorando filtrado por la organización de empresarios europeos (UNICE) describió la Comunicación como un «verdadero éxito», porque las «concesiones a otras partes interesadas… no tendrán ningún impacto real». Esto arroja dudas sobre la sinceridad de un cambio de última hora mediante el cual se ha vuelto a convocar el Foro multilateral europeo sobre la RSE y da a entender que quizá la Comisión permitió demasiada presión por parte del sector empresarial, en contradicción con su propia iniciativa sobre transparencia de noviembre de 2005… «.

El anterior es un texto fundamental para comprender la idea de la influencia empresarial en las legislaciones y regulaciones, y más específicamente, en los procesos de RSE y sostenibilidad. Parte del sector empresarial y parte de la política siguen en la misma actitud.

Las empresas, como las personas, son capaces de lo mejor y de lo peor. Las multinacionales están ganando poder en todos los terrenos. Pero a pesar de los avances tecnológicos que sin duda están aportando, a pesar de que tenemos una tecnología capaz de terminar con el sufrimiento en el mundo, las desigualdades aumentan.

¿Cómo es posible que tantos consensos terminen en nada? Tantas personas razonables con fuertes compromisos sociales, tantas ilusiones: ¿Cómo es posible esta situación frente a la seguridad que tenemos todos de que se ha llegado a un nivel tecnológico suficiente para tener un mundo razonablemente feliz? ¿Cómo es posible que tras aquella “Carta de la Tierra”, o más atrás en el tiempo, tras el “Nosotros los Pueblos”, nos encontremos de nuevo al borde de varias guerras, con la sospecha de que tras ellas, de nuevo, hay intereses económicos, en un mundo con cada vez más desigualdad?

Este artículo (Poli-TIC: el trabajo original, publicado el 27.06.2014, ha sido aquí fragmentado, para su mejor comprensión, en una serie de artículos) pretende modestamente “desfacer” entuertos. Entre la RSE y la ley. Entre la RSE y la economía. Amortiguar el efecto del “fuego amigo” y la desunión social (creo que también fomentada). Una advertencia al poder político, al empresarial, pero también una llamada al sector social a actuar de una forma más coordinada. El difícil reto de terminar con la doble visión existente en torno al confuso mundo de la RSE o sostenibilidad, término éste repetido hasta la saciedad en todos los discursos (¿es el nuevo “traje del emperador”?). Quizá pretenda demasiadas cosas para tan poco espacio.

Desde el principio sabíamos que parte de la RSE tiene un origen complementario a una ideología ultraliberal que ha demostrado su fracaso. Una ideología además antisindical. Pero también desde el principio hemos estado decididos a potenciar sus aspectos positivos, alejando y denunciando al tiem- po esta línea negativa. Participar para denunciar o para mantener un diálogo positivo. Pero nunca avalar una RSE basada en el marketing, la apariencia, y que en muchas ocasiones ha sido un elemento más de impunidad.

Desde la Confederación Sindical Internacional ya hemos advertido y condenado los intentos de las multinacionales de utilizar la RSE para redefinir sus responsabilidades sociales. En el último 1o de Mayo precisamente uno de nuestros mensajes centrales fue recalcar la necesidad de limitar el poder corporativo de las multinacionales, a todas luces excesivo (insistimos, sobre gobiernos, leyes, reguladores y regulaciones). Estamos seguros de que esto no es bueno ni siquiera para la seguridad jurídica del sis- tema, y en el fondo, a la larga, ni siquiera para las empresas1.

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