UBER, cuando “tu patrón” es un algoritmo. (Y los sindicatos, también)

UberJavier Creus       ( Yorokobu)l

Conduces tu coche y transportas a otros, haces recados a tus vecinos, organizas cenas en tu casa cuando puedes, alquilas una habitación por días. No llevas uniforme ni te han formado en nada, no tienes horarios ni jefes. No dependes de nadie, eres un agente libre.

Imagina que trabajas en Uber. Primera hora de la mañana: te recomienda que te muestres disponible, hay mucha demanda. Un poco más tarde te ofrece un incentivo económico por atraer a nuevos colaboradores a la plataforma: falta personal. A media mañana, el incentivo ya no vale, ya tenemos suficientes, gracias. Después de comer no pasa nada, bajan las tarifas. Sabes que, si no aceptas el encargo, ahora tomará nota. Si persistes, te desconectará durante unas horas: lo peor.

Tu patrón ya no lleva ni sombrero ni mostacho, ni siquiera fuma puros. Tu patrón es la aplicación móvil que rige tu destinos, condiciona tu vida, determina tus tarifas e incentivos. Tu patrón es un algoritmo.

(Poli-TIC. No solo el patrón puede ser (o mejor, esconderse detrás de) un algoritmo. En el sueño delirante de algún ciberutópico neoliberal aparece ya la sustitución de los sindicatos también por algoritmos que defienden automáticamente a los trabajadores. Puede leerla aquí.

Y todo ello cuando el ciudadano que quiere obtener unos ingresos estables se ve sometido a los peores vaivenes.  De hecho,  la gente que se ofrece para trabajar en muchas de las nuevas plataformas recuerdan modos de contratación con perfiles retrógrados: desde las subastas del mercado de esclavos del siglo XVIII en el sur EEUU a la situación de los jornaleros andaluces ofreciéndose en la plaza del pueblo a que los terratenientes de la zona les contratasen por jornadas.

Con una diferencia: no hay intermediarios en la subasta y el que se ofrece “a la baja” es, aparentemente, más libre.) 

Uber es un modelo, pero también hay otros en el otro extremo: algunas de las empresas en las que los jóvenes quisieran trabajar ofrecen a sus empleadas congelar sus óvulos y así posponer la maternidad y poder entregarse plenamente a sus carreras profesionales.

Perder el control del tiempo vital

El tiempo sincopado del agente libre, el tiempo continuo de la mujer que congela su maternidad, el tiempo vacío del que no encuentra empleo… se imponen al tiempo cíclico de la naturaleza y la sociedad. El día y la noche, el descanso semanal, los ritos estacionales, la celebración de la cosecha anual.

El tiempo de cada uno se escinde y libera del tiempo común. En esta ciudad distópica las luces siempre están encendidas, todo y todos están disponibles a cualquier hora. Y, si el incentivo es suficiente, entonces el proyecto vital se pospone. En la sociedad del cansancio, cada uno vive positivamente para ser la mejor versión de sí mismo en una lucha imposible e inútil que aboca en la angustia o la depresión.

Frente a esta, el relato de una economía colaborativa, como si las personas importasen, basada en los recursos compartidos, los vínculos personales y la confianza comunal.

La sociedad colaborativa en la que Albert Cañigueral nos adentra en Vivir mejor con menos nos muestra decenas de oportunidades para mejorar nuestra vida y a la vez mejorar las de los demás: ir en un coche particular, dejar que el vecino te ayude, cenar o dormir en casa de locales cuando viajas.

Tu patrón eres tú mismo.

(Poli-TIC. Desde la propia lógica colaborativa existen visiones alternativas que se oponen a la uberificación de la sociedad  La gestión centralizada de Uber crea una gran distancia entre la plataforma y los proveedores (conductores): los cambios de tarifas se implementan y anuncian de manera unilateral, sin una consulta visible a los conductores. El debate de la economía colaborativa se desplaza también a la forma de gobierno de las plataformas, a la participación de los usuarios.proveedores (los conductores) en los repartos de los beneficios, en el funcionamiento como comunidad de interés.

Cambian los modos, pero una cuestión permanece: la democratización del control sobre la producción y sus mecanismos. Sobre este punto, Uber,  ha expresado en más de una ocasión su idea tecnocrática del negocio, de no depender de los humanos y disponer de flotas de coches autónomos que transporten cosas.  )

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