Economía “colaborativa”: free lancers y desregulación

economia colaborativa3The Economist

El auge de la economía bajo demanda (también llamada colaborativa o sharing economy) plantea preguntas difíciles para los trabajadores, las empresas y los políticos

A principios del siglo 20 Henry Ford conjugó el trabajo en cadena taylorista desarrollado en lineas de montaje con el consumo de masas para hacer la fabricación de coches mucho más barata y más rápida hasta convertir el automóvil, de un lujo de hombres ricos, a la base del transporte para las masas. Hoy en día un creciente grupo de emprendedores se está esforzando por hacer lo mismo con los servicios, combinar la potencia de los ordenadores con la creatividad de nuevas aplicaciones desarrolladas por personas independientes para suministrar un tipo de servicios que antes estaban reservados para los ricos. Uber ofrece choferes. Handy suministra limpiadores. SpoonRocket ofrece comidas en casa. Instacart mantiene su refrigerador abastecido. En San Francisco un joven programador de computadoras ya puede vivir como una princesa.

Sin embargo, esta economía a la carta (on demand) abarca mucho más que el lujo ocasional. Haga clic en la aplicación de Medicast, y un médico estará golpeando a su puerta dentro de dos horas. ¿Quiere un abogado o un consultor? Axiom suministrará los primeros, Eden McCallum este último. Otras empresas ofrecen premios a los freelances para resolver problemas de investigación y desarrollo o para proponer ideas publicitarias. Y un número creciente de agencias están enlazando con  freelance de todo tipo, tales como Freelancer.com y Elance-oDesk, que conectan a 9,3 millones de trabajadores freelancers con 3,7 millones de empresas.

(Poli-TIC. Nótese que The Economista hace permanente alusión a trabajadores freelancers, que conviene no confundir con autónomos. El autónomo tiene un estatus mucho más definido y regulado, paga su SS y recibe prestaciones y, sobre todo, tiene o aspira a tener una relación contractual con cierta estabilidad con sus contratistas. El freelance se caracteriza por el trabajo a la pieza, es una persona que ofrece sus servicios día a día, en un régimen de trabajo asociado  a la inmediatez.

Los think-tank liberales emplean constantemente este modelo como ejemplo de la libertad del “nuevo trabajador” )

La economía a la carta es pequeña, pero está creciendo rápidamente. Uber, fundada en San Francisco en 2009, actualmente opera en 53 países, tuvo ventas superiores a $ 1 mil millones en 2014 y una valoración de US $ 40 mil millones. Al igual que las líneas de ensamblaje del trabajo en cadena, la idea de conectar a la gente con trabajadores freelance para resolver sus problemas suena simple. Pero, al igual que la producción en masa, tiene profundas implicaciones para todo, desde la organización del trabajo a la naturaleza del contrato social en una sociedad capitalista.

La transformación del modelo productivo

Desde la década de 1970 la economía que la lógica fordista ayudo a crear, en esencia un ecosistema de grandes empresas con grandes sindicatos, se ha empezado a secar. Buena parte de los empleos manufactureros se han automatizado hasta dejar de existir o subcontratado en el extranjero, mientras que las grandes empresas han abandonado el concepto de ofrecer “empleo de por vida”. Alrededor de 53 millones de trabajadores estadounidenses ya trabajan como freelance.

La primera es la tecnología. La creciente potencia de los ordenadores permite, de un lado, productos y servicios cada vez más baratos y, de otro, que un credor solitario con un Apple Mac haga vídeos que rivalizan con los de los estudios de Hollywood. Las tareas más complejas, como la programación de una computadora o escribir un escrito legal, ahora se pueden descomponer en partes y subcontratar a especialistas de todo el mundo. La economía a la carta permite a la sociedad reutilizar recursos infrautilizados: así Uber permite que la gente ofrezca servicios de alquiler con sus propios coches, y InnoCentive les permite externalizar el I+D o, dicho de otra forma, alquilar “capacidad cerebral” de repuesto.

La otra gran fuerza perfectamente identificada es el cambio en los hábitos sociales. Karl Marx dijo que el mundo se divide en las personas que poseían los medios de producción, los ricos ociosos y las personas que trabajaban para ellos. Si esa división social generaba unas determinadas relaciones de producción, la nueva realidad tecnoeconómica divide, cada vez más, entre las personas que tienen dinero pero no tiempo y las personas que tienen tiempo pero no dinero. La economía a la carta ofrece una manera para que estos dos grupos conecten entre sí.

Esto permite que las empresas de servicios puedan centrarse en sus competencias básicas. El “costo de transacción” de la utilización de un extraño para arreglar algo (en oposición a mantener esa función dentro de la empresa) disminuye cada vez más. En lugar de controlar los recursos fijos,  las empresas a la carta actúan como intermediarios, se preocupan de garantizar las conexiones y la supervisión de la calidad. Ellos no emplean a tiempo completo abogados y contables con sueldos y derechos garantizados. A los conductores de Uber se les paga sólo cuando trabajan y son responsables de sus propias pensiones y asistencia sanitaria.

El debate político debe poner el foco en la economía bajo demanda

Los riesgos asumidos por las empresas están siendo trasladados a las personas y eso tiene consecuencias para todos.

La economía bajo demanda ya está provocando el debate político, con Uber en el centro de gran parte de ella. Muchas ciudades, estados y países han prohibido su implantación aduciendo problemas de seguridad o de regulación. Los taxistas han organizado protestas en contra de ella. También los conductores Uber han ido a la huelga, exigiendo mejores beneficios.

Los tecno-optimistas interpretan todo esto como problema de adaptación: la economía bajo demanda aumenta la libertad de los consumidores, les ofrece una mayor elección, sostienen, mientras que deja que la gente trabaje cuando lo desee. La sociedad gana porque los recursos ociosos se ponen en uso. La mayoría de los coches de Uber de otro modo serían estacionados en el garaje.

La verdad es más matizada. Los consumidores son claros ganadores; también lo son ciertos grupos sociales que valoran especialmente la flexibilidad sobre la seguridad, como las mujeres que quieren combinar su trabajo con la crianza de los hijos. Los contribuyentes se beneficiarán si supone una bajada de impuestos como consecuencia de mejoras de eficiencia en la prestación de los servicios públicos. Pero otros trabajadores afectados por esos cambios (los que pierden en seguridad como consecuencia de la flexibilidad de otros) incluyendo un montón de abogados de mediana edad, los médicos y los conductores de taxis, se sienten justificadamente amenazados. Y la economía bajo demanda también puede producir inquietud entre los contribuyentes: saben que, al final, terminarán sosteniendo a muchos trabajadores que no van a disfrutar de suficiente contratos como para acumular derecho a pensiones.

¿Cuales son las políticas públicas más convenientes?

Es necesaria una nueva sensibilidad para conformar la formulación de las políticas más convenientes.

Los gobiernos que prohíben las empresas de la economía bajo demanda están simplemente lastrando a sus economías. Pero eso no significa ponerse en sus manos.

Las vías por las que los gobiernos miden el empleo y los salarios tendrán que cambiar. Muchos de los sistemas fiscales europeos tratan a los freelancers como ciudadanos de segunda clase, mientras que los estados americanos tienen diferentes regulaciones para los “trabajadores contratados” que deberían ser revisadas.

Si hasta ahora, gran parte del estado de bienestar se sustenta a través de las empresas, especialmente las pensiones y la atención de la salud, ambos deberán empezar a ser soportados en el individuo, un área en la que el Obamacare ha supuesto un gran paso adelante.

Los gobiernos deben ajustar las políticas públicas a cada edad del individuo, pero incluso haciéndolo, no podrán evitar que la economía bajo demanda traslada claramente más riesgo a los individuos.

La gente tendrá que dominar múltiples habilidades para sobrevivir en este mundo y mantener esos conocimientos al día. La formación profesional continua tendrá que ser asumida, en mayor medida, por las empresas.

En un mundo más fluido, todo el mundo tendrá que aprender a gestionarse como una empresa. La gente tendrá que aprender a venderse a sí mismos, a través de redes personales y los medios sociales, si son realmente ambiciosos, convirtiendose ellos mismos en marcas.

(Poli-TIC. El marco futuro de la relaciones sociales “deseadas” por los centros estratégicos de pensamiento liberales empieza a ser dibujado ya. Por un lado, se avecina una nueva oleada de desregulación del mercado de  trabajo. Por otro lado, la privatización de los riesgos hoy socializados en el Estado de Bienestar parece evidente: cada individuo debe, definitivamente, soportar sus riesgos médicos y financiar sus pensión mediante seguros privados. Cada persona debe aprender a sobrevivir como sea, el solito, sin redes sociales, ni solidaridad, repensándose como si fuera una empresa.

Todo ello y la precariedad consiguiente, nos lo venderán, como hace aquí  The Economist, como una nueva “modernidad” de la que no podemos escapar, como un nuevo paso sublime hacia la “libertad personal”. De nuestra capacidad para repensar los nuevos fenómenos dependerá que lo consigan o no)

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2 respuestas a Economía “colaborativa”: free lancers y desregulación

  1. Esteban Egea Sanchez dijo:

    Buen análisis de los problemas por parte de Poli – TIC, ahora necesitamos buscar las soluciones que, obviamente, no podrán ser las del pasado siglo.

    No es posible, ni quizá deseable, prohibir las nuevas eficiencias que el uso de la tecnología facilita, eso nos convertiría en países y ciudadanos de segunda.

    El debate es como hacer compatible la mayor eficiencia economica con mantener y mejorar los derechos de Ciudadanos y Trabajadores, fijos de empresa o freelancers, del Estado de Bienestar… Quizá algo así como la llamada flexi-seguridad pero extendida a derecho ciudadano??…. Debatimos…

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