La TDT en la encrucijada. Nuevos riesgos para la televisión

tdt2Fernando de Miguel  (Público)

La exitosa culminación del proceso de transición que permitió el cambio de la televisión analógica por la TDT, en el año 2010, supuso, además de un notable incremento en la calidad de las emisiones, una importantísima ampliación de la oferta de televisión a disposición de los ciudadanos. Se cumplió satisfactoriamente con la frase rotunda que sostenía que “la TDT es más y mejor televisión”. En difusión nacional, la oferta comercial pasó de 4 a 24 canales y la de la televisión pública de 2 a 5 canales, con emisiones simultáneas en alta definición en los canales principales.

(Poli-TIC. Discutible afirmación la de que “TDT es mejor televisión”. Más, sin duda. La TDT ha aumentado la diversidad tecnológica y, en consecuencia, facilitaba la diversidad de contenidos pero esa potencialidad ha quedado reducida a mera apariencia, porque la falta de presupuesto disminuía su calidad (puro relleno de bajo coste) y disminuía la diversidad de opciones reales de la ciudadanía. La concentración, por arriba, en dos grandes grupos A3Media y Mediaset ha contribuido a acentuar el duopolio televisivo, fomenta la reutilización de los mismos contenidos y, lo más importante, facilita el control ideológico de la población y convierte a sus dueños en piezas decisivas del devenir político.  De otro lado, el realquiler de las concesiones a terceros y el abuso de espacios para televenta, las concesiones a dedo a familias ultraconservadoras en la llamada TDT party, el abuso de tertulias de bajísima calidad, la búsqueda de la espectacularización de los programas informativos… son argumentos repetidamente denunciados desde las escuelas de comunicación sobre la TDT.)

Este profundo cambio supuso la puesta a disposición, además de canales generalistas, otros de contenido temático o incluso una oferta de pago con la misma instalación de recepción que para el resto de los canales, como se había realizado en otros muchos países europeos. Todo ello, además de un notable incremento de las opciones para los espectadores, permitía también la posibilidad de impulsar el desarrollo de la industria de producción de todo tipo de contenidos audiovisuales, que ya contaba con una experiencia y consolidación notables, si bien la crisis económica ha estado limitado seriamente este potencial desarrollo.

Cambio de escenario

Este escenario, sin embargo, pronto empezó a estar sometido a varios riesgos que amenazan con retroceder parte del camino andado.

En primer lugar el nuevo gobierno del Partido Popular, al comienzo de su mandato, propuso reducir drásticamente las frecuencias dedicadas a difundir la TDT, con el doble argumento de que estas eran necesarias para la ejecución del llamado Dividendo Digital, aunque, inicialmente, este no iba a tener efectos en la oferta de televisión y para reducir el coste de la migración que conllevaba.

Esa posición fue duramente replicada por los operadores privados y, finalmente, sin reducción de la oferta televisiva, se acordó una más limitada reducción del espectro a disposición de la TDT (reducción de un múltiple frente a tres), con una mayor compresión de la señal.

Tras ello, una Sentencia del Tribunal Supremo, publicada en noviembre de 2012, declaró la ilegalidad de la concesión de 9 canales de los 24 privados, que, finalmente, ha llevado al cierre de los mismos en mayo del año pasado.

Si bien el nuevo Plan Técnico de setiembre de 2014 contempla sacar a concurso 5 o 6 nuevos canales, lo que al parecer puede ser inminente, este concurso no compensará la perdida de esos 9 canales durante más de año y medio. En el mejor de los casos se consolidaría la pérdida definitiva de 3 o 4 canales cuando se adjudique el concurso.

La razón esgrimida para esta reducción es, nuevamente, la supuesta necesidad de ceder una parte del espectro usado por las emisiones de TV a la telefonía móvil, el denominado Dividendo Digital. Esta vez aprovechando el cierre de canales obligado por la Sentencia del Tribunal Supremo, aunque, en otros países europeos, este proceso no ha afectado a la oferta de TDT, todo lo contrario, en Francia y en Italia se ha planificado más multiplex para servicios de Alta Definición.

Un conflicto jurídico…y político

Una nueva amenaza sobrevuela en la actualidad a otros ocho canales, que se encuentran pendientes de una nueva sentencia del Tribunal Supremo, en fase muy adelantada de tramitación y que, de ser negativa, podría obligar igualmente a su cierre, dejando la oferta de las televisiones comerciales, cuando menos a corto plazo, reducida a un canal por operador, mas un canal de pago. Es decir, prácticamente un salto atrás en el tiempo volviendo al escenario de principios del pasado decenio.

La defensa de la legalidad de estos canales, bajo los criterios ya establecidos por el Tribunal Supremo en su anterior sentencia, o bien pidiendo cambios normativos específicos, está, lógicamente, convirtiéndose en debate enconado entre la Administración, televisiones y demás implicados. (Una aportación, ya presentada en distintos foros jurídicos sobre la legalidad de la vigencia de estos canales, puede consultarse en Situación de la vigencia de las licencias para los ocho canales de TV adicionales aprobados en 2005.)

(Poli-TIC. El “debate enconado”, más que jurídico, adquiere duros tonos de luchas de poder en el que la expresión “vamos a no hacernos daño”, dirigida al Gobierno, busca presionarle en año electoral poniendo como moneda de cambio la actitud ante Podemos y Ciudadanos en pleno año electoral.  Más información en esta noticia de El Confidencial )

Adicionalmente, los riesgos de que un cierre de estos canales pudiera convertirse (total o parcialmente) en permanente, suponiendo un duro golpe, también a largo plazo, para la TDT, de enorme importancia para los espectadores, televisiones, productores de contenidos e industria, no deben despreciarse, teniendo en cuenta la previsión de un segundo Dividendo Digital y las presiones de los operadores de telecomunicaciones sobre la Administración para su ejecución a costa de la TDT. Téngase en cuenta que una oferta más débil en TDT facilita la expansión de las ofertas de televisión de pago, que en este momento constituyen un elemento muy importante de la ampliación de su oferta.

(Poli-TIC. Los legítimos intereses industriales de las televisiones no deben confundirse con las del interés general ni con las específicas de los ciudadanos, aunque se les mencione en su calidad de “espectadores”. Tratando de un centro de poder evidente, muchas veces no coinciden, aunque otras sí. La contribución de las televisiones a la producción de las industrias culturales y, en particular a la del cine a través de series y películas de calidad, es una aportación indiscutible al interés general. La creación de valor económico y social van de la mano cuando la cultura, entendida en su acepción más amplia, sale fortalecida. Facilitar la competencia en esa dirección y regular adecuadamente su contribución forma parte del arte de la política, lo mismo que enfrentarse a su poder manipulador cuando este se manifiesta.

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