Envejecimiento y trabajo femenino definen hoy el modelo productivo

Ignacio Muro @imuroben

Tras cinco años de caídas, la población de España vuelve a subir como consecuencia de un saldo migratorio positivo de 89.000 personas. Somos 46,5 millones.

La previsiones negativas del INE, que preveían una reducción constante de población hasta los 43,2 millones estimados para 2056, escenario en el que basan los efectos estimados de la crisis de envejecimiento, empieza a mostrar grietas en cuanto la economía crece tres años al 3%.

El saldo migratorio de 2016 duplica la muy conservadora estimación de 57.000 personas, como saldo medio anual positivo previsto para los próximos 40 años.

Como ocurrió en estimaciones anteriores, cuando se estimaban máximos de 100.000 inmigrantes netos y se llegaron a alcanzar promedios seis veces superiores, (600.000 entre 2000 y 2007), las proyecciones se empeñan en ignorar la presión migratoria que viene del sur y que será, sin duda, un factor de equilibrio para la población en edad de trabajar en las próximas décadas. ¿Error o manipulación?

El largo plazo imprescindible para construir un relato histórico

Una mirada de largo plazo es hoy imprescindible para entender las conexiones y las contradicciones entre cambios demográficos y cambios económicos, o si se quiere, entre modelo productivo y modelo reproductivo. Para construirlo conviene conectar con los trabajos de Juan Antonio Fernandez Cordón, el último de ellos (De los cambios demográficos a la economía del cuidado) publicado en Gaceta Sindical de CC.OO pues permite un relato coherente de lo que nos sucede.

Intentémoslo. En 1900 la esperanza de vida media en España era de 35 años, similar a la que hoy tienen algunos países subsaharianos. En esa situación las mujeres se tienen que dedicar, por entero, a asegurar el reemplazo de la fuerza de trabajo: si solo algo más de la mitad de los hombres llega a cumplir los 20 años son necesarios 5 hijos por mujer para que la población no disminuya.

Esas condiciones demográficas marcan no solo el modelo reproductivo, sino que también imprimen un sello de baja productividad al modelo productivo, necesariamente lastrado por actividades de poca cualificación por la imposibilidad de retirar a los niños y jóvenes de tareas agrícolas y llevarlos a la escuela.

Revolución demográfica, migraciones y productividad

A partir de los años cincuenta del siglo pasado, las mejoras en los sistemas de salud implantadas en el mundo desarrollado trajeron consigo un rápido descenso de la mortalidad infantil. La población joven aumentó exponencialmente y generó el baby boom símbolo de una gran revolución demográfica, un fenómeno que se fue trasladando de norte a sur: llegó en los años sesenta a España para, un par de décadas después, saltar al Magreb y, en tiempos cercanos, al Africa subsahariana.

Esa revolución provoca cambios de calado. Hace innecesarias la tasas de fecundidad elevadas que habían sido imprescindibles hasta entonces. Y activa nuevas lógicas productivas.

Las migraciones a las ciudades y a los países desarrollados se unen a las demandas de liberación de la mujer por acceder al trabajo. El alivio de energías dedicadas a las necesidades reproductivas facilita participar en actividades productivas. El alargamiento de la vida media, un patrimonio incuestionable de la humanidad, reequilibra los perfiles de las nuevas generaciones y permite largos periodos de formación que facultan para continuos incrementos de productividad.

Del Estado de bienestar al neoliberalismo

Las condiciones políticas y sociales divergen cuando nos referimos a lo que hoy viven las periferias del mundo y lo ocurrido en el primer mundo en el siglo pasado.

Si el periodo del baby-boom en los países desarrollados coincidió, a grandes rasgos, con la implantacion del Estado de Bienestar (entre 1950 y 980), en los ochenta se inicia la hegemonía de las posiciones neoliberales en todo el mundo. España monta sus exiguas políticas sociales cuando el welfare state está ya en retirada. Desde entonces, cualquier fenómeno se convierte en una oportunidad para justificar un nuevo ajuste social y nuevas oportunidades de negocio al sector privado.

La generalización del segundo sueldo en el hogar se aprovecha para imponer la moderación salarial porque “hay que ser competitivos”. La tasa de empleo femenino asciende 14 puntos en España, del 41% al 55% entre 2000 y 2008 (y 5 puntos en la Europa-27) incorporando a más de 3 millones de mujeres al mercado. Si la renta familiar aumenta es posible congelar o reducir los sueldos de cada uno de sus miembros y compensarlo con facilidades de endeudamiento. El consumismo y la moderación salarial se hacen compatibles.

Del boom a la crisis. O de las mujeres inmigrantes a los abuelos

La burbuja inmobiliaria atrae a inmigrantes en dimensiones seis veces superiores a las máximas previstas por el INI. Esa inmigración es la via de escape para el excedente de jóvenes en el Magreb y en America Latina en plena eclosión por el efecto de sus demorados baby boom.

Para España, su entrada supone un doble alivio en las tareas reproductivas de las familias: los inmigrantes son, al tiempo, los que más contribuyen al aumento de las tasas de natalidad y los que cubren las tareas del hogar como asistentes externos que permiten liberar parcialmente a las mujeres de las mismas. La lucha por la paridad en los cuidados es todavía incipiente.

La crisis del 2008 justifica la suspensión de recursos para dependientes. Los abuelos se convierten en sustento de las jóvenes parejas que son los grandes perdedores de la crisis. Solo el 20% de la población menor de 29 años consigue emanciparse de sus padres. Las mujeres jóvenes, incapaces de simultanear tareas productivas y reproductivas, sacrifican éstas. O las otras.

Diez años después, las nuevas generaciones vuelven a estar desaprovechadas a pesar de su evidente capacitación. La tasa de paro afecta, en España, al 32% de los menores de 30 años, y, entre los que trabajan, el 57% lo hace con contratos temporales. La tasa de natalidad se coloca en el 1,3, muy por debajo de la tasa de reposición en España, Alemania y los países que han asumido la lógica de ajustes. Solo Francia mantiene tasas suficientes, 2,1 hijos por mujer, mientras Alemania asume que tiene que equilibrar su demografía mediante la inmigración… si es posible blanca, europea y preparada.

Envejecimiento, robotización… proyecto país o rentabilización de temores.

Robotizacion y envejecimiento son los dos fenómenos de moda, presentados cuidadosamente de forma aislada, del modo que más conviene para generar temor y “provocar reformas”. Sin embargo, el hecho de que, por un lado, sobren trabajadores (robotización) y, por otro, falten trabajadores activos (envejecimiento demográfico) debería obligar a analizarse simultáneamente pues, en alguna medida, se contrarestan sus efectos. Aunque exijan ser vistos simultáneamente con soluciones que combinen mejoras en productividad y políticas de dependenciaconciliación y un sistema de rentas mínimas garantizadas, se nos presenta aisladamente como manera de duplicar los temores.

La tarea fundamental es cómo aprovechar los nuevos saberes que aportan los milenians e integrarlos en los viejos saberes que aporta la experiencia, cómo activar y reconocer el trabajos de las mujeres, cómo integrar y formar a inmigrantes, es decir cómo activar recursos poblaciones y saberes infrautilizados. Una inmensa tarea política que no puede resolverse con una población atemorizada.

De momento, el temor se instala como método para imponer soluciones elitistas que acentúen la desigualdad: si la robotización justifica bajos sueldos porque “no estamos preparados”, el envejecimiento se convierte en una excusa para reducir las pensiones públicas. La realidad es que no hará falta que bajen las pensiones: con los sueldos actuales y con la precariedad de los contratos, un buen número de ciudadanos está ya incubando un futuro de subsistencia en la tercera edad.

“Equivocarse” en la estimación de los saldos migratorios, forma parte del mismo juego: la incapacidad de comprender una solución inclusiva. En esas estamos. En esas seguimos.

Anuncios

Acerca de Ignacio Muro

Economista, miembro de Economistas Frente a la Crisis. Analista social. Profesor de Periodismo en la Univesidad Carlos III y experto en procesos informativos. http://www.ignaciomuro.es. @imuroben
Esta entrada fue publicada en Bien común / interés privado, Otras innovaciones sociales, Robotización / crisis del trabajo y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s